29/11/2010

Peter Mullan, el actor que sabía tomar notas.

El reputado actor fetiche de Boyle, Figgis o Loach sabe dirigir también la mar de bien. sus tres cintas, incluida la presente Neds, llevan vitola de prestigio.


Para el momento en que lean estas líneas, el rodaje de 'War Horse' (nueva cinta de Steven Spielberg en la que Peter Mullan tendrá un papel capital), habrá acabado ya. Fue precisamente de su set de donde tuvo que escabullirse este escocés renacentista (Glasgow, 1959) para concedernos la entrevista referida a 'Neds', su tercera cinta como director, Concha de Oro del Festival de San Sebastián a finales de septiembre, una medalla más para lustrar el ya de por sí muy condecorado pecho de quien se llevara cuatro premios menores en Venecia en 1997 con su ópera prima 'Orphans', acariciara el León de Oro, ahora sí, en 2002 con Las hermanas de la Magdalena, y, en su faceta de simple herramienta interpretativa, mereciera el premio a la mejor actuación en Cannes por dar vida al arrollador protagonista parado de 'Mi nombre es Joe' (Ken Loach, 1998). Si se fijan bien, su currículum es ciertamente repelente.

Mullan, connotaciones aparte, no lo puede negar, es un tipo festivalero que, en una suite del María Cristina con vistas al río Urumea, se siente como pez dentro del mismo y no reniega de etiquetas: “Es cierto que mi trayectoria como realizador está muy ligada a los festivales, lo que significa que mis filmes son adecuados para un tipo de público específico, pero, aún así, me gustaría llegar a una audiencia lo más amplia posible. Las hermanas de la Magdalena quizá era un tipo de película más minoritaria, pero con Neds espero lograr la calificación de “apta para 15 años” en Reino Unido, porque creo que es importante que los jóvenes de 14 a 20 años de mi país puedan verla. 

Abanderado habitual de causas en pos de los derechos humanos, antibelicista convencido y crítico descarnado con causas como Irak, Afganistán o Gaza, el Mullan de Neds, fábula en clave onírica acerca del desarrollo de clase en clave predeterminista. El personaje interpretado por Connor McCarron (que merecería a su vez la Concha de Plata al mejor actor por su primer papel a los 16 años) es el de un “empollón-gafotas- acusica” que hereda el reconocimiento de los matones de su hermano delincuente. Tal cuota de poder hace que tome camino semejante. Somos lo que comemos, que diría aquel.

Es por ello que pueden esperar violencia y descarnamiento en la cinta al igual que en anteriores entregas del autor. “Me preocupaba cómo se iban a comportar los chicos, así que monté un 'club de la lucha' para que aprendieran a pelear con la única regla de que no podían hacerse daño unos a otros. En una de las escenas, les dije: ‘Si alguien resulta herido, os despido a todos, pero lo hicieron muy bien”. 

Exageradamente barbudo, dicharacheramente bromista y con un cálido acento de las islas que prácticamente no conoce la "r" fuerte al pronunciar, es consciente de su labor como cronista concienciado acerca de la época que le ha tocado vivir, aunque para ello haya optado por poner la vista atrás. “Más que centrarme en el realismo social, siempre he tratado de hacer películas que tuvieran algo que decir sin seguir una hoja de ruta predeterminada; y, en cuanto a fechar Neds en los 70, lo hice ciñéndome a la idea brechtiana que dice que ver las cosas con una cierta distancia permite entenderlas mejor, sin enredarte en detalles contemporáneos que podrían acabar por hacer más confusa la historia. Tal vez no atraiga a los jóvenes de hoy una historia de entonces… ya veremos cuando se estrene la película". 

La respuesta a Mullan es toda suya a partir el viernes que viene.


Connor Mc Carron, un debut sórdido y dorado  


El joven Connor Mc Carron tiene pinta de hooligan y la inmensa hondura ocular de los actores de raza. Rellenito como estaba cuando rodó Nedsen 2009, nadie diría a simple vista de este premiado novato que un lobo feroz se ocultara bajo su piel de cordero. Elegido en el casting promovido en la prensa al que contestaron 300 adolescentes escoceses, su aterrizaje en el mundo del celuloide no ha podido ser más dorado. Y gran culpa de ello, lo sabe bien, es de Peter Mullan, su padrino artístico y ángel de la guarda: “Peter es alguien que siempre tiene los pies en el suelo y, si vuelvo a actuar, no sé si el resto de directores van a ser tan buenos como él”.

Do de (poco) pecho


Esa fuente inagotable de sabiduría llamada Wikipedia define "canon de belleza" como "el conjunto de aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como bonitas atractivas o deseables. Es históricamente variable y no común entre las diferentes culturas". La nuestra es la occidental y nuestro canon deseado (cuando somos los hombres los que valoramos) se refiere en la mayoría de las ocasiones a una mujer en forma, esto es, con la carne firme, y, a ser posible, muchas curvas.

Es una combinación caprichosa y extraña, puesto que, tal como decía Rosie O’Donnell en 'Beautiful Girls', “Dios no se anda con pamplinas. Es un tipo justo. A las gordas les da hermosas tetas. Y a las delgaduchas, traseros pequeños". Tal dotación, dice ella, puede venir dada por la genética, pero la mayor parte de las veces (y esto es absolutamente aplicable a nosotros también) es consecuencia directa del esfuerzo y la disciplina.

Hay, por contra, factores que no se pueden entrenar o mejorar si no es con ayuda externa. Son detalles referidos a las particularidades que hacen que nos distingamos a los unos de los otros tales como el diámetro de la sonrisa, el ángulo de la mandíbula o el tamaño de la nariz. Para eso y para aumentar el tamaño de los pechos, se me ocurre, hay que pagarle al cirujano una cuantiosa minuta.

Tal es la que dice 10 Minutos que desembolsó Sara Carbonero en fechas recientes para subir de talla de torso la semana pasada. Ella, la novia de España, ubicua en portadas de todo tipo, pero sobre todo en las referidas al corazón, como si no tuviera notoriedad suficiente, como si no fueran reclamo de sobra sus ojos atigrados, su piel de ébano o sus labios extracarnosos, tiene, desde hace apenas cinco días dos motivos más para que la gente se gire a su paso y silbe.

Las mujeres que nos gustan en GQ son todas, y, aunque en ocasiones nos hacemos eco de las más voluptuosas, no son, ni mucho menos las únicas que nos hacen soñar. El 90-60-90 es una convención que sirve para hacer notar que la mujer a la que apreciamos se acerca milimétricamente al canon (del que hablábamos antes) más idealizado por estas latitudes, pero desde aquí queremos proponer una lista de mujeres de bandera que, a pesar de que su pecho no se acerca al primer 90 de la ecuación, son algunas de nuestras favoritas dentro de la galaxia de celebrities, una en la que habría cabido sin duda la Carbonero aunque de un tiempo a esta parte juegue ya en otra liga.

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25/11/2010

Nick Hornby, el escritor pop que (casi siempre) escribe de pop


Los que echaran de menos la vena narrativa del artista renacentista Nick Hornby tras sus recientes flirteos con el mundo del cine de forma proactiva (escribió directamente el guión de 'Una educación' sin paso previo por novela) o con la música (acaba de colaborar como letrista para un disco firmado al alimón con su admirado Ben Folds) están de enhorabuena, pues ya se encuentra en todas las estanterías de España su novela 'Juliet, desnuda' (Anagrama), un nuevo acercamiento psicológico de su particular fauna de idiotas emocionales (dicho con la menor acritud posible).

Desde que se revelara en 1992 con la celebradísima 'Fiebre en las gradas', la fina ironía y demiúrgica habilidad para tratar a los desheredados de la vida, a los tarados mid-class de la campiña británica, no ha dejado de sumar adeptos, aunque últimamente se subieran al carro cada vez en menor cantidad por la relativa dispersión que venían acusando sus obras de un tiempo a esta parte. O quizá es que todos esperáramos que nos deleitara con 'Alta fidelidad 2' y esta nunca llegó.

Sin embargo, si hay una novela sin listas de cinco principales y sin Rob Fleming que nos pueda recordar en algo a aquella canónica comedia dentro de la producción del de Surrey es esta última entrega suya, en la que una pareja en crisis tras un largo y agotador noviazgo se ve estimulada por la aparición en escena de una salingeriana estrella de la canción con la que él está obsesionado.

"Quería que Tucker Crowe (el cantante) fuera un músico con muchos 'fans', que lo idolatraran, pero con una historia personal muy banal, con muchos errores cometidos, que acaban pagando sus hijos y sus ex mujeres", explicó Hornby a su paso por Barcelona la semana pasada.

Metido de lleno en temática musical, pues, la que mejor le ha funcionado siempre editorialmente, se siente como pez en el agua, y es por ello que ha sido capaz de dar con la tecla mágica que se le venía resistiendo desde, quizá, 'Cómo ser buenos' (Anagrama, 2002), pese a que no se reconoce ya tan purista de la canción como el protagonista de esta nueva obra (y mucho menos como Rob). "Ya no escucho vinilos, porque no funcionan con la familia (el autor cuenta ahora con 53 años), puesto que se deben oír desde un único sitio, mientras que con el iPod puedes escuchar música y de muy buena calidad desde cualquier sitio".

Acérrimo seguidor del Arsenal, confesó que sufre mucho por culpa del fútbol y que no tiene previsto acercarse a él de manera literaria a corto plazo puesto que "ha cambiado mucho" desde que publicara 'Fiebre en las gradas' y a él no le gusta demasiado adaptarse.

Esperemos que no cambie, entonces, que se enrede en proyectos multidisciplinares cuando no llegue la inspiración, pero que, de tanto en tanto, se asome a su máquina de escribir y le dé por plasmar en negro sobre blanco esas novelas cargadas de acidez que quizá nunca vuelvan a ser tan mordaces, lúcidas o divertidas como 'Alta fidelidad', pero sí lo más parecidas posible.

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24/11/2010

Javier Fernández de Angulo, Hombre GQ de la Semana


Si existe un verdadero Hombre GQ, ese es Javier Fernández de Angulo. El director de nuestra revista, siempre atrevido, nos desvela sus secretos mejor guardados para convertirse en todo un icono de estilo. Descubre todo lo que nos ha contado en esta entrevista que le corona como Hombre GQ de la semana. Ya se estaba haciendo esperar...

1.- Imprescindibles en tu armario
Un traje de Zegna, chaquetas para llevar con vaquero de Scalpers, Paul Smith o Etro y camisas de rayas, a cuadros y blancas.

2.- Un complemento
Un buen cinturón y detalles que marquen la diferencia: un pañuelo, unos gemelos, una corbata...

3.- ¿Sigues alguna rutina de imagen?
Cuidados tradicionales, con buenos productos, buenas cremas, buena espuma, buen champú... y el corte de pelo en Marruecos.

4.- Un referente de estilo
El color de David Hockney, el gusto de Marcel Proust y la herencia familiar.

5.- Tu icono femenino
Sofía Loren, Liz Taylor, Monica Belucci, Scartlett Johansson, mi mujer, mis hijas, cada día me topo con un icono.

6.- Gadget sin el que no podrías vivir
Blackberry y un buen rotulador negro.

7.- ¿Utilizas redes sociales?
Facebook y mi blog en GQ.

8.- Una escapada de fin de semana
A Asilah en Marruecos y a San Sebastián... destinos felices.

9.- Tus mejores vacaciones
Descubrir países.

10.- Una película
Cualquiera de Lubitch, muchas  de Woody Allen, 'Toy story' y algunas de Buñuel.

11.- Un libro
'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust.

12.- ¿Qué estás leyendo actualmente?

13.- ¿Qué suena en tu Ipod?
Bob Dylan y Paco Ibáñez.

14.- Tu programa de TV favorito
Wayoming y Buenafuente. Humor inteligente. Es lo que hay.

15.- Un bar de copas
Chicote o Le cabrera.

16.- Un restaurante
Sacha, siempre; El Bulli, inolvidable, y Arzak, nunca falla.

17.- El mayor capricho que te has dado
El Oriente Express...

18.- Tu táctica de seducción
Woody Allen me las dio todas, pero no funciona ninguna.

19.- El momento GQ de tu vida
Los premios de cada año y cada portada que quiere sorprender.

20.- ¿Qué tiene que tener un hombre GQ?
Inteligencia, humor, buen gusto, pasión por la vida y curiosidad por todo lo nuevo

21.- Un hombre GQ
Estás hablando con él. Todos los que no han perdido su capacidad de soñar.
 
Consulta las entrevistas con los anteriores hombres GQ de la semana:

-Rodrigo Cortés (10-11-2010)
-Unax Ugalde (17-11-2010)

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23/11/2010

Premios GQ Hombres del Año 2010



Los Hombres GQ del Año se congregaron ayer en el madrileño Hotel Palace con la consigna común de la elegancia. Y fue una elegancia nostálgica, con ecos de otro tiempo, concretamente de hace 70 años, cuando Bogart y Bergman se declaraban su amor en clave distante pero ardiente en un bar de Casabanca. Precisamente a Marruecos recordaba la sala habilitada en el cinco estrellas de la capital para albergar a todos los 12+1 invitados de excepción elegidos como lo más granado de la cosecha de personalities con clase del panorama español (e internacional).

El director de GQ, Javier Fernández de Angulo, mudó la chaqueta negra de esmoquin tradicional con la que veló el photocall por una blanca más temática a la hora explicar con vena canalla y desenfadada el decálogo que debe regir el ideario del perfecto hombre GQ. "Hombres que sueñan", recalcó. Todos lo eran.

Empezando por el poeta Luis García Montero, quien, poco acostumbrado a este tipo de saraos, quiso acudir bien arropado de mucha familia y amigos para combatir su pudor natural. El poeta es, según GQ, el Mejor Escritor del Año, y con ese trofeo marchó a su casa.

Después llego Alex de la Iglesia, el director de cine metido ahora a director de la Academia (el más mediático que se recuerda). Ha pedido humildad a los actores, conseguido que Almodóvar vuelva al redil y, además, su cinta, ‘Balada triste de trompeta’, se haya convertido en tonada alegre y embajadora excelsa de nuestra cinematografía allí donde suena. Motivo más que suficiente para coronar al cineasta.

Pero aparte de él y de ‘Casablanca’, de Rick (que sería Angulo, ya lo hemos dicho), y de Ilsa (etiqueta que se colgó la maestra de ceremonias Raquel Sánchez Silva), también hubo más cine, el representado por el Mejor Actor Revelación (Alberto Ammann) y por el mundialmente consagrado Clive Owen, que, cómo no, amaba España y se lo repitió con amabilidad a todo el mundo que le quiso preguntar. “Do you love Spain, Clive?”. “Of course, of course I love it”. Cómo no iba a amarla con lo bien que se cena en el Palace y, sobre todo, acompañado de tanto amigo.

Aun así, no solo de celuloide vive el Hombre GQ, que hubo moda, y mucha. La moda representada por el Mejor Diseñador del Año, el italiano Kean Etro, que, con la humildad por bandera, hizo que todo el mundo se derritiera con la declaración de amor extendida a su mujer Constanza, una musa particular que compartió salón con la musa española por excelencia, cada día extendida a más latitudes, la top patria Clara Alonso, el +1 de los 12+1 premiados, no por machismo, sino porque fue la única mujer invitada al evento, la guinda de cualquier pastel, lo más brillante dentro del firmamento estrellado donde también se dio cita el cotizado (y premiado) modelo Antonio Navas. Si dominamos en deporte, que echen también a temblar en las pasarelas de todo el mundo, que allá vamos.

También hubo tiempo para recordar los negocios, y el arte como negocio, y los negocios como arte; es decir, hacer de la inversión algo bello y de lo bello una inversión. De ese mismo modo, en calles de dos sentidos se mueven el empresario hotelero Pablo Carrington, el fundador de Tuenti Félix Ruiz y el director del Prado Miguel Zugaza. GQ los reconoció a todos y todos reconocieron a GQ. Vaya lío, dirán unos. Coherencia conmutativa y justicia poética acordará el resto.

Poesía es la que faltó de boca del afilado Joaquín Sabina, quien, debido a una gripe traicionara, hubo de declinar la invitación de GQ de subir al estrado y quedarse mejor en casa, termómetro en boca, zumo de limón en mano y bolsa de agua caliente a los riñones. Mandó a su mujer Jimena Coronado, "la Jime que gime", como se define ella, su chica. Así la llamó Joaquín por su boca de ventrilocuo. Les mando a mi chica, “con ella salen ganando”. Grande aun en la distancia, Sabina.

Pero no se entristezcan, que hubo recambio como trovador de la noche. Carles Francino, más acostumbrado al horario matutino, hizo caso omiso de sus costumbres y tomó el puente aéreo para recoger en Madrid el premio al Mejor Comunicador. Se saltó el protocolo, dijo, y dudó de si los premios GQ serían la plaza más adecuada para reivindicar el periodismo como oficio injustamente precario precisamente el año en que él se coronaba en la fiesta más elegante, pero aún así extendió su homenaje sentido. Y acertó. Acordarse del desfavorecido en los momentos de gloria es propio de los grandes vencedores, y es por ello que se llevó una de las mayores ovaciones.

Pero eso sería antes de que Diego Forlán, ariete del Atlético de Madrid y de la selección uruguaya pusiera el broche de oro, el broche GQ. Su participación, como la de cada uno de los invitados, nuestros chicos (y chica), que digo, nuestros HOMBRES, fue un gol histórico. Hasta el próximo año, claro, que tendremos más y mejor. ¿Nos acompañan hasta entonces?
 
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22/11/2010

Clara Alonso, ha pasado un ángel por GQ


Clara Alonso, uno de los muy pocos ángeles de la marca Victoria's Secret salidos de la cantera de las pasarelas de nuestro país, ha sido elegida como Modelo GQ del año en los premios que anualmente celebra nuestra revista para condecorar a lo más granado de nuestro panorama de personalidades patrio.

Suyo es el honor de amadrinar por sí misma a los 12 hombres que creemos que encarnan los valores del varón moderno, distinguido, emprendedor, inteligente y con personalidad, valores que ella misma representa de manera singular llevados a la feminidad.

No es solo que nos quedemos extasiados con la belleza que desprende (que es mucha), sino que apreciamos en Clara, y por eso la premiamos, un aura que surge raramente (una vez por generación con suerte) y que hace que la pasarela internacional mire fijamente a los ojos de España.

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21/11/2010

La nueva reina de ébano


“Hay una clasificación por encima de caliente, que es 'ardiente’. Y ella lo es. Gracias a sus curvas, los hombre experimentarán una lujuria real basada en un personaje que se compone de unos y ceros”. Son palabras de James Cameron sobre Zoë Saldaña (New Jersey, 1978) en la piel de Neytiri, la heroína azul y kilométrica de la que se enamora el humano Jack Sully en ‘Avatar’, “la puta mejor película de la historia”, según sus propias palabras. Uno podría pensar que qué lástima de oportunidad perdida, que salir retocada hasta honduras ribosómicas no supone una revelación lucida, lo que pasa es que no sólo de la película más taquillera de la historia vive Saldaña.

Cameron le habrá dado portadas, pero la indiscutida heredera del cetro de ébano hollywoodiense ya había trabajado con Spielberg en ‘La terminal’ (2004) o reinterpretado a Katharine Hepburn en ‘Adivina quién’ (Kevin Rodney Sullivan, 2005), puesta al día del clásico que encumbrara a Sidney Poitier donde el acosado resultaba ser esta vez el blancucho Ashton Kutcher.

Es importante hablar de la piel, pues Zoë, merced a su constante flirteo con sagas multimillonarias (‘Piratas del Caribe’ o ‘Star Trek’), juega un papel fundamental a la hora de conciliar cine comercial y racial de nicho como ya demostrara hace unos meses en ‘Un funeral de muerte’, remake de la recentísima obra de Frank Oz capitaneado por Martin Lawrence, Chris Rock y ella misma y pensado para que los afroamericanos amantes del cine de Tyler Perry pasaran por taquilla. Un ejemplo posmoderno de cine coloreado con el que ella no duda en comulgar: “No soy puertorriqueña (como su madre) ni dominicana (como su padre), soy una mujer negra”.

De cualquier modo, y sin obviar lo rotundo de su afirmación, cualquier viandante no despistado reparará en que esta deslenguada actriz criada entre Queens y las playas del Caribe no es ‘negra mate’, como diría Joaquín Reyes, sino más bien café con leche. Así lo demuestra el contraste que componen su piel y la opaca ropa interior Calvin Klein que este otoño satura las vallas publicitarias en las que ahora sirve de modelo una vez superadas todo tipo de feministas reivindicaciones adolescentes.

A la hora en que leen estas líneas, Saldaña habrá estrenado cinco películas en EE.UU. desde enero, entre ellas ‘Ladrones’, donde volverá a demostrar que la chica más hottie del barrio también es un carácter. Proyectiles, curvas y café con leche: la receta del éxito de Zoë.

11/11/2010

Mou, ¿es verdad o se lo hace?


Sus avales son 14 títulos en ocho años; su cargo actual, la comandancia del Real Madrid más apisonador que recordamos; y el peaje, que incluso los seguidores del club de Chamartín tengan que aguantar todas y cada una de sus peticiones de cariño. Mourinho solo quiere que le quieran. Por eso la lía en modo “repeat” como el niño que no deja de preguntar cuánto queda para llegar al destino vacacional recién salidos de casa o el perro pachón que se sube a la chepa de las visitas intentando ganarse la galleta extra.

Cada vez que Mou se queja de los árbitros en rueda de prensa, cada vez que dice que son buenos, cada vez que les enfada para que le expulsen del partido (como el miércoles en la vuelta de la Copa frente al Murcia), mima (Ronaldo o Benzema) o demoniza (Canales, Pedro León y –de nuevo- Benzema) a alguno de sus jugadores, sólo pide su cuota de pantalla, sus warholianos quince minutos de gloria, que van camino de convertirse en quince siglos.

Para bien o para mal, con la falsa modestia por bandera (“Las victorias hay que atribuírselas a los jugadores, pero las derrotas son culpa mía”), fagocita todas las preguntas imaginables paridas por los periodistas de bien. Absorbe tanta atención como un agujero negro, y es por ello que la semana pasada, al concurrir el campeón del mundo Sergio Ramos ante los medios y ser interpelado por una reportera en una sala de prensa en la que casi había eco al son de: "Ahora que tenéis a Mourinho, casi nadie se fija en los futbolistas”, el sevillano no pudo más que asentir y sonreír.

Mou, que va camino de convertirse en un villano de escándalo, recuerda con sus desplantes a los Hamiltons, Lance Armstrongs, Capellos, Van Gaales o Djokovics de la vida. Gente que ni en su bando caían demasiado simpáticos, rebeldes autoparódicos embebidos de su afán de trascendencia mediática, Ristos Mejides todos deseosos de que el titular del día lleve un cintillo con su nombre coronando.

El miércoles Mourinho colocó una piedra más en el camino a la consecución de una Copa del Rey que lleva 18 años resistiéndose. Además manda en Liga y los prejubilados del Milan aun sueñan con cada uno de sus soldados blancos. El equipo empieza a trenzar jugadas de algo que, a poco bien que salgan las cosas, podrá llegar a evocar a medio plazo a un conato de proto-Barcelona. Y el único peaje que vamos a pagar es acariciarle el lomo una vez al día, el ritmo de la prensa diaria.

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David Muñoz: "Para mí no hay clientes VIP"


David Muñoz tiene 31 años y desde el pasado febrero es Premio Nacional de Gastronomía. Su precocidad le ha llevado a ser merecedor de tan prestigioso galardón desbancando al histórico Juan María Arzak, que ostentaba el récord desde 1974 con un año más.

Su restaurante Diverxo, abierto desde hace tres años y medio, es cumbre señera de la creatividad culinaria hispana a base de mezclar texturas castizas con marcadas influencias orientales. Nadie de los que cuentan quiere quedarse fuera de su lista kilométrica de espera, que extiende citas a un mes vista.

Tres Soles de Repsol y una Estrella Michelín hablan de la categoría superserie de este cocinero dispuesto a poner patas arriba la cocina como la habíamos conocido hasta la fecha. Olvídense de ortodoxia, pues en su carta no hay claves orientadoras, sólo un cartel que indica que se servirá un menú degustación que dependerá de la mesa que se ocupe. Pasen y vean a la gran revelación de la cocina internacional, un amigo de GQ que llega para quedarse.

Explícame esto de la fama.
En Diverxo tenemos un éxito desde hace tres años más grande del que habíamos podido pronosticar. Cada vez que nos hacen un reconocimiento nunca esperamos que vaya a venir algo más grande. Al principio ni siquiera existíamos, pero llegó un momento en que la prensa comenzó a hacerse eco de una manera sostenida y eso es difícil de digerir. Supone mucha presión saber que hay gente que espera más de un mes para venir, pero, al final, no con poco esfuerzo, hemos ido superando etapas difíciles.

“No con poco esfuerzo”, ya hablas como un político.
Nah (risas). Lo que sucede es que cuando te pasas persiguiendo un sueño durante tres años y medio a razón de 16 horas al día, seis días a la semana, te creas una filosofía de trabajo y un concepto de tu propio restaurante que acaba por moldear un discurso propio.

¿Cómo se asume el éxito?
Yo no lo asumí hasta hace un año. No era consciente de lo que estaba pasando.

¿En qué ha cambiado David Muñoz desde que diera sus primeros pasos en Viridiana hace una década?
Han pasado muchas cosas desde entonces y ha habido muchas horas de trabajo. Yo siempre he sabido dónde ir a formarme, lo que he querido hacer y por qué he querido hacerlo. Después de todo este recorrido compruebo que he sido un tipo que trabajaba muchas horas hasta muy tarde, cobrando poco, pero en sitios muy interesantes. He leído, visto y viajado todo lo que he podido y a eso le he sumado a una cierta dosis de talento. Después, Diverxo es la conjuncion de muchos esfuerzos por parte de gente que está aquí y que se ha sumado al sueño. El hecho de que yo sea tan pasional hace que quienes me rodean se impliquen tanto, por lo que resulta fácil remar hacia el mismo lado.

¿Y qué lado es ese?
Pretendemos desarrollar un concepto culinario innovador, rompedor y transgresor. Es nuestra seña de identidad.

Diverxo no es ahora tal y como lo conocieron sus primeros fans. Ha cambiado hasta de local...
Cuando abrimos el anterior local (llevan en C/ Pensamiento 28 apenas año y medio) no era más que una casa de comidas y estaba montado para tal. La tensión era poca y por ello pudimos hacer lo que queríamos. No nos habíamos fijado en nada y eso nos hacía sentirnos seguros de que estábamos creando algo nuevo que tenía que ir bien, pero no tanto como al final resultó, con toda la atención mediática y clientela internacional con que contamos.

Cómo es esa cartera internacional de clientes. ¿Cómo asume un político de extranjero que no hay mesa en Diverxo en el día?
Sin más…

Pero, ¿cómo funciona?, ¿la secretaria del VIP de turno llama desde Estados Unidos con 30 días de anticipo haciendo conciliar su agenda y la vuestra?
Hay gente que directamente no viene, pero es que nosotros siempre tuvimos muy claro que aquí no hay "cliente VIP" y "cliente normal", lo cual, en mi opinión, es una de las claves de nuestro éxito. Al fin y al cabo, la gastronomía es muy democrática y la disfruta todo el mundo por igual. La prueba es que al mejor restaurante del mundo puede acceder cualquiera que tenga un trabajo, simplemente ahorrando. Comprar el mejor coche del mundo, no lo podemos hacer ninguno. Sin embargo, el lujo de poder ir a El Bulli, por dinero, lo podemos hacer todos (aunque por lista de espera sea mas complicado). Nosotros tuvimos claro desde el principio que cualquier cliente era bueno para Diverxo siempre que hiciese su reserva, viniese con la mente abierta, disfrutase, pagase su factura y se fuese.

Una pregunta referida al onanismo gastronómico. ¿Eres el cocinero de moda en España. Te gusta más lo que te cocinas tú mismo que lo que te pueda servir cualquier otro?
No (risas). De hecho, si como algo mío cuando trabajo no suelo disfrutar especialmente porque siempre estoy intentando buscarle soluciones y no tanto el placer. Cuando voy a comer a Mugaritz, Sudestada o a cualquier otro lugar, tan solo voy a divertirme y a pasarlo bien, no a examinar o ver que hace la gente.


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10/11/2010

Rodrigo Cortés, Hombre GQ de la Semana

Rodrigo Cortés, el showman revelación de nuestro país este año y artífice de la desasosegante 'Buried (Enterrado)' ya prepara su tercer thriller, en el que contará con Robert de Niro y Sigourney Weaver, y es que, debido al gran partido que sacó de Ryan Reynolds, todos quieren trabajar con él, lo que nos parece motivo más que suficiente patra nombrarle Hombre GQ de la semana.

1.- Imprescindibles en tu armario

Cajones.

2.- Un complemento
Me gustara decir que Robin, para combatir el mal, pero me conformo con algún fular. También me van, en general, los sombreros y los gorros.

3.- ¿Sigues alguna rutina de imagen?

Ya lo creo. Es el único modo de mantener mi cabello limpio y sano.

4.- Un referente de estilo
Carezco de estilo, sólo tengo referentes. Me miro un segundo al espejo y rectifico sobre la marcha. Cuando creo que acierto, lo convierto en uniforme.

5.- Tu icono femenino
Katharine Hepburn. Única.

6.- Gadget sin el que no podrías vivir
Paso gran parte del día respondiendo e-mails con la BlackBerry: sin esas teclas de verdad, dedicaría semanas a tratar de acertar la casilla en una pantalla táctil.

7.- ¿Utilizas redes sociales?

Hice la promoción de Buried (Enterrado) por Twitter. No tengo Facebook, ni rastreo cuentas ajenas, pero mantengo la cuenta de Twitter.

8.- Una escapada de fin de semana
Me encantaría.

9.- Tus mejores vacaciones
Las próximas. Aún albergo la esperanza de que llegarán.

10.- Una película
Diría Toro salvaje, pero voy a jugar a la contra: Extrañas coincidencias, de David O. Russell. La pregunta: ¿Cómo no ser yo mismo? destila en cinco palabras la clave de casi todo.

11.- Un libro
Tengo una pistola, de Enrique Rubio: implacabilidad analítica, oscuridad brillante, lucidez maquillada de cinismo, prosa contundente, humor en forma de bala.

12.- ¿Qué estás leyendo actualmente?
Paradojas psíquicas, de John Booth, y algo de literatura fungible en los aeropuertos.

13.- ¿Qué suena en tu Ipod?
Espero que, al menos, suene Shine, de Daniel Lanois, o Music from Big Pink, de The band, o Willy and the Poor Boys, de la Creedence, o Lola versus Powerman and the Moneygoround (Part One), de The Kinks, o Space Oddity, de Bowie. ¡Por eso tengo problemas con la batería!

14.- Tu programa de TV favorito
Eso es casi un oxímoron. Pero tengo todas mis esperanzas puestas en Museo Coconut.

15.- Un bar de copas
No soy muy copero, tiendo al aburrimiento y despierto compasión en las personas felices. Soy más de café. La taberna del mozárabe, en la calle San Bernardino (Madrid).

16.- Un restaurante
Sé de un escocés divino con un payaso que traumatiza a los niños, pero esquivo sus placeres y frecuento el Conache, con salmorejo obligado de entrante. En Barcelona me encanta La paradeta, lo más parecido a plantar una mesa en medio de una pescadería.

17.- El mayor capricho que te has dado
No me doy grandes caprichos. Los prefiero modestos y constantes.

18.- Tu táctica de seducción
Convencer sólo con aquello que me convenza. Puedo ser muy persuasivo, pero sólo si creo en algo en cuerpo y alma.

19.- El momento GQ de tu vida
¡Me hicisteis un reportaje enterrándome a mí mismo! Debería analizarlo, pero no quiero. (Número octubre de la revista GQ)

20.- ¿Qué tiene que tener un hombre GQ?

Coherencia.

21.- Un hombre GQ

Michael Pitt.

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08/11/2010

James Franco, posible oscarizado "manco"


Los que auguraban que Origen iba a ser nominada 10 veces a mejor película a falta de candidatas de prestigio en la cosecha presente, cerraron el pico el mes pasado cuando vieron La red social del glorioso tándem Fincher-Sorkin y desearán esconderse para siempre en una cueva lejana el día que al fin llegue a todas las pantallas 127 horas, el presunto sleeper de la temporada, una epopeya deportiva en la que el actor renacentista James Franco (escritor, director y pintor en sus ratos libres) interpreta al alpinista Aron Ralston en su huida solitaria de una muerte segura pagando un alto peaje: la automutilación de su propio brazo al estilo mcgyveriano, esto es, con una navaja pequeña. Creepy.

La historia en que se basa es real como reales son los desmayos que está provocando la cinta en sus primeras proyecciones y reales parecen las posibilidades de que el actor californiano bese el Oscar al mejor actor en la gala de 2011. Cantos de sirena al respecto no faltan. Con él tuvimos la oportunidad de entrevistarnos durante el pasado festival de Berlín, en el que presentó la también inédita Howl, en la que da vida a Allen Ginsberg, padre de los beatniks.

Tu nueva película, con Danny Boyle, será algo grande, ¿verdad?
La verdad es que sí. Se llamará 127 horas y está basada en la historia real de Aron Ralston, un montañista que quedó atrapado durante cinco días en las montañas de Utah y se tuvo que cortar el brazo con una navaja para poder escapar. Es un filme muy inusual, porque en muchas de las escenas voy a estar actuando conmigo mismo, lo que encuentro muy interesante como reto.

Has pasado de una franquicia como Spiderman a películas de bajo presupuesto como Howl, la dirección de cortos o lo nuevo de Danny Boyle. ¿Cómo se cambia el chip?
Cuando haces cosas como esas de las que hablas, dejas de ser una estrella de Hollywood. Hubo una época al principio de mi carrera en la que me limitaba a actuar y ahora tengo una visión más amplia. Actuar y dirigir son dos facetas diferentes. Con el tiempo, caí en la cuenta de que hacer películas es el medio que tiene el director para expresarse y mi papel como actor es hacer aquello que se requiere de mí con una limitada cantidad de participación. Y cuando me toca hacerlo, lo acepto y está bien. Estoy contento con hacer mi papel, pero, como he dicho, tengo otros intereses, y por ello volví a la escuela.

Tus estudios universitarios en torno a la literatura y a la poesía están de algún modo relacionados con la vida de Allen Ginsberg… (beatnik al que da vida en la aún inédita Howl).
Lo cierto es que fue una coincidencia. Cuando me involucré en esta película estaba en medio del rodaje de Mi nombre es Harvey Milk, que eran los tiempos de mi vuelta a UCLA, donde estaba acabando mis estudios de Literatura. Rob Epstein y Jeffrey Friedman (los directores) me dijeron que la hiciera, pero no tenían dinero todavía, así que aún tardaron un año en conseguir la financiación. Durante aquellos meses en que empecé a preparar Howl, me gradué en UCLA y me matriculé tanto en Columbia como en la Universidad de Nueva York para estudiar Escritura y dirección de Cine, precisamente en la misma ciudad en la que Ginsberg acabó sus días en los años 90 siendo profesor. Extrañas coincidencias.

Tu primer gran papel fue James Dean en una TV movie y, además, has sido comparado con Brando. ¿Te atrae su modo de vida salvaje?
En EE.UU. los jóvenes se han sentido interesado por los beatniks durante todos estos años porque ellos se pasaban la vida buscando la esencia de la literatura, la cultura y un determinado estilo de vida basado en nuevas experiencias sexuales y en la libertad, una postura muy atractiva para los adolescentes. Además, creo que Brando, Dean o Montgomery Clift fueron también actores que inspiraron a otros muchos actores jóvenes por su expresión emocional y su apariencia salvaje; así que, sí, me sentía atraído por todo eso de lo que hablas.

La poesía está muy presente en tu carrera como director…
Es cierto. Presento dos cortos en esta Berlinale inspirados en sendos poemas: The Feast of Stephen, de Anthony Hecht, y Herbert White, de Frank Bidart. También tengo planeado rodar otro que se llamará Clerk’s Tale, para el que me apoyaré en una obra de Spencer Reece. Por otra parte, tengo entre manos un documental sobre el programa Saturday Night Live.

¿Y cómo pagas las facturas?

Con proyectos en los que hago de secundario como Noche loca o Come reza ama. Su rodaje no me llevó mucho tiempo, así que muy bien.

Últimamente haces transiciones de la comedia al drama. Dicen que la comedia es lo más difícil.
Es cierto que no puedo pensar en muchas películas que sean muy divertidas; sí es difícil, pero cuando estás trabajando con personas que están acostumbradas, lo hacen fácil. Con Tina Fey he trabajado en esta última y además aparecí en su show, 30 Rock.

Aparte del cine y la poesía, ¿tienes más pasiones?

La verdad es que, como he estado en distintas universidades, casi todo mi tiempo lo he pasado estudiando. Por desgracia, no he tenido tiempo de estudiar todo lo que quería, así que he tenido que leer cosas por mi cuenta.

Has interpretado a sendos homosexuales en Mi nombere es Harvey Milk y Howl. ¿Es tu modo de defender los derechos del colectivo gay?
Mi participación en estas películas no atiende a una actitud premeditada. No firmé por eso, aunque, desde luego, soy defensor de sus derechos.

-Pincha aquí para ver el tráiler de 127 horas.

-Lee el artículo original en GQ.com.

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