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4 sept 2009

Hazme reír (Judd Apatow, 2009)


Me fascina cuando el boca-oído no funciona. Bueno, mejor dicho, cuando funciona negativamente. Sobre todo si la película afectada es una de ésas con montones de fans impacientes que dejan que prime el sentido común de sus consejeros antes que su propio hooliganismo. El que hagas caso al vecino si éste te dice que lo último de Adam Sandler (y de Judd Apatow) no merece la pena y la taquilla se deshinche estrepitosamente en la segunda semana de proyección es una de las pocas muestras que, desde la miopía de mi sector, sugieren que otro mundo es posible.

Lo que Spielberg fue en los 80 al gran cine de aventuras lo es ahora Apatow a la comedia tierna y escatológica, dos adjetivos que en su universo habían experimentado hasta ahora un feliz romance. Su nombre resuena alto y claro en la industria, y no sólo como director —pues además de la presente sólo había realizado 'Virgen a los 40' y 'Lío embarazoso', dos blockbusters con al alma de sleeper—, sino, más aún, como productor, ideólogo, guionista o simple amiguete. Su sello mola. Aunque, desde esta 'Hazme reír', un poco menos.

Y supone una sorpresa, porque es difícil reunir a tanta gente graciosa para hacer una película sobre gente graciosa —'Funny People' es el titulo original— que tiene tratos con la muerte y lidia con ella utilizando el cinismo y la autoparodia como aliados. James L. Brooks ya lo había intentado y el resultado no fue tan decepcionante, luego se puede.

No reprochemos nada, pues, al cast, ni a la idea fundacional, y descarguemos nuestra ira crítica con el jefe de todo esto, que, escribiendo, produciendo y dirigiendo, no ha sabido decirse a sí mismo lo que no funcionaba y ha acabado pariendo una comedia de dos horas ¡y veinte minutos!, en la que no ha incluido suficientes chistes como para llenar un ombligo tan enorme. Yo soy fan habitual de Sandler y de Apatow y estoy seguro de que, de no haber asistido al pase de prensa, no me habría dejado disuadir por nadie y habría acabado pagando la cara entrada. Benditos americanos, que me han ganado esta partida.

Valoración: 5/10

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31 jul 2009

Sex Drive (Sean Anders, 2008)


La virginidad, divino tesoro. Tantos americanos adolescentes intentando perderla al mismo tiempo en sus hermandades Alfa Beta Gaga o Delta Peta Zeta que el cine no podía quedarse al margen. Y por ello decidió inaugurar un género destinado a tal hazaña concreta: la chorracomedia de picores. No suelen ser las chicas las que tienen el problema, las que compran condones torpemente en el supermercado mientras su madre está en la sección de ultramarinos, ni las que acaban dándose puñetazos en la cabeza cuando se pelean con su elasticidad a la hora de acomodarlo a su miembro viril. Al parecer, ellas tienen todo el doble de fácil y hacen la mitad de majaderías. Yo sé que los adolescentes americanos están de la olla porque me lo contaron en 'Porky's', más tarde en 'American Pie' y esta semana en 'Sex Drive'.

Un inadaptado social al que le hacen mobbing hasta en su propia casa encuentra en el chateo subido de tono con desconocidas el único alivio para sus problemas. Y como si de una reencarnación del Michael Douglas de 'Un día de furia' —pero sin el pelo de pincho, ni la mala leche, ni la escopeta— se tratara, decide recorrer medio país en coche para encontrarse con su sugerente ciberamiga para convertirse por fin un hombre, vía intercambio de fluidos.

Así que tenemos la road movie servida. Al coche se le tiene que romper alguna tripa, si no no sería una road movie, con lo que la galería de personajes secundarios comienza a hacer acto de presencia con irregular gracia (destaca Seth Green como amish), si bien hay que admitir que es un sarcasmo meritorio el que suele destilar el libreto de Sean Anders y John Morris. Por momentos, esta pequeña comedia descarada hace que pensemos en una revisitación del espíritu de 'La cosa más dulce', excelencia a la que por supuesto nunca llega, pero que supone el piropo más grande que se me ocurre ahora mismo.

Valoración: 6/10

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