8 feb. 2010

El posmodernismo animado es como el porno amateur

'Tiana y el sapo' (John Musker & Ron Clements, 2009)

Tenía muchas ganas de ver lo que los clásicos Musker y Clements habían hecho en su vuelta a la animación 2D. Recuerdo haber visto 'La sirenita' en el sofá de mi casa a los 10 años. Me la dejó un vecino que tenía toda la colección de clásicos en una estantería que parecía brillar. El dicho popular ése que te sueltan cuando está aprendiendo inglés de My taylor is rich but my father is poor adquiría sentido en mi existencia cuando cambiabas una sola palabra: My neighbour is rich but my father is poor (So do I). Con tal aval, la experiencia se antojaba excitante ayer.

Y por qué una vuelta a la animación clásica. Pues porque está todo trillado, saturado, se ha tocado techo. Este año los globos de 'Up' han llegado lo más alto que se puede en animación por ordenador. El posmodernismo supone por definición la superación de lo moderno. Y, tal y como ocurre con el apocalipsis, que deviene en periodo postapocalíptico, si es que eso tiene sentido para alguien, vuelta a la prehistoria y vuelta a empezar. 

El porno (creo, me lo ha dicho un amigo) también ha pasado por tales etapas. Las mujeres corrientes dieron lugar a conejitas playboy de pechos operados, lo que desembocó en experimentos biológicos imposibles (las tetas vixens), que, de tanto hincharse (y apréciese que esta frase es matalingüística pura), acabaron por explotar y se volvió a lo de siempre. Me llegan inputs de que lo que más vende ahora es el porno amateur, el posmodernismo sexual, la vecina del quinto y tiro porque me toca.


Tiana y el sapo ligón.

Sin salirnos de las perversiones sexuales, estaba doblemente motivado a la hora de abordar la cinta del día: las sinopsis hablaban de una adolescente negra que se lo hacía con animales. Zoofilia en el peor de los escenarios, bestialismo en caso de que Musker y compañía decidieran hacer de su capa un sayo, pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que no se observa siquiera un conato de coito humano-anfibio en toda la función y sí una vuelta al Disney más amable. 

No hallamos pues demasiada doble lectura. Posmodernismo puro. 'Tiana y el sapo' apela a lo más blanco del alma infantil y además, en vez de intentar agradar a los adultos acompañantes por sus juegos de palabras, opta por jugar la baza de la nostalgia haciendo rememorar aquellos maravillosos años en los que My neighbour was rich but my father was pour. 

Time la eligió mejor película de 2009 en un gesto que sonó más a modernez posmoderna que a satisfacción de un galardón merecido, pero no puedo decir, de ninguna manera me atrevo a denunciar, que este clásico iconoclasta (la tetuda protagonista es negra —y hace gestos de negra chunga—; tanto ella como su chorbo se convierten en sapos en vez de al revés —guiño y sublimación de 'Shrek'— y además se afronta la mafia, la magia negra y la muerte con pulcritud que no da lugar al trauma). Todo bien por ese lado. 

El cocodrilo recuerda al dragón de Elliot.

En cuanto a la estética, desconcierta un tanto, ya que en vez de volver a las raíces propias ('La sirenita', así como su heredera natural, 'La Bella y la Bestia', eran del  todo comedidas formalmente), los directores ponen su ojo en el onirismo de las borracheras de 'Dumbo', la psicotropía de los números musicales del genio de 'Aladdín' y la flexibilidad imposible de los híbridos 'La bruja novata' o 'Pedro y el Dragón Elliot' (el cocodrilo jazzista de 'Tiana' es familiar suyo, del dragón digo). Y como Oriente es obligatorio y es de tontos negarlo, aprecien las referencias a Miyazaki en el diseño de la bruja buena. Todo buen posmoderno sabe poner un ojo atento en lo inmediatamente anterior.

Tráiler de Tiana y el sapo.

Valoración: 7/10

Estreno: 5 de febrero de 2010

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