26 dic. 2009

Jesús Olmedo (Actor Revelación del Año GQ)


Su carrera empezó hace casi dos décadas, pero los focos le han alumbrado definitivamente ahora, después de ser protagonista de ‘90-60-90’, el bombazo televisivo de la pasada temporada, en la que hacía de fotógrafo cuarentón que seducía a una modelo con edad para ser su hija. Puro morbo.

Treinta y siete primaveras tiene Jesús Olmedo (Sevilla, 1972) y por fin se ha revelado. Hay quienes todavía le confunden con Ernesto Alterio (con quien compartió cartel en ‘Semen. Una historia de amor’ interpretando a su padre de joven) pero las decenas de fotos y autógrafos que concede diariamente por las calles de Madrid hacen que estos dos clones se distancien cada vez más. Bruno, su fotógrafo en la serie ‘maldita’ ‘90-60-90’ —inexplicablemente no renovada por su canal de emisión tras una primera temporada que se despidió en lo más alto de su audiencia— es el heredero catódico natural del Duque por repercusión mediática y nivel de decibelios de los gritos de las adolescentes a su paso.

Él lo lleva con naturalidad y por el momento no se resigna a dejar de hacer su vida de siempre. Es por eso que, pese a que podríamos habernos citado para la entrevista en cualquier otro sitio alejado del mundanal ruido, me cita en una cafetería cercana a su casa de ésas en las que no se puede fumar. Llega puntual ataviado con cazadora, pantalones de pinzas a cuadros y botines; el cabello, abundante y con un volumen que le hace crecer varios centímetros hace de él un sex symbol leonado, y, cuando le hago señas desde el sillón de la esquina en la que me encuentro, entorna un poco los ojos y se acerca previo paso por la barra, donde pide un expreso humeante. Aparte de lo mencionado, le otorga un aire de distinción extra el fular rojo al cuello, del que no se desprenderá en ningún momento “Puedo tener 50.000 fulares. La gente sabe que me gustan mucho y siempre me regalan”.

¿Entonces, te interesa la moda?

Creo que soy de los pocos hombres cuya acompañante se suele cansar de mirar tiendas antes que yo. Es mi único vicio confesable. Suelo ir de sport y en lo que más gasto es en vaqueros: puedo tener de todos los colores. Voy muy a gusto con ellos, pero también me gusta la elegancia y la variedad. De repente un día me pongo una chupa y una bota y al día siguiente chalequito y americana o un pantalón de pitillo desgastado. Podría comprar ropa y estrenar cada día, pero tampoco gasto demasiado. Si creo que comprar algo me va a dar remordimiento, no lo hago, a no ser que sea para regalar.

Eres nuestro hombre revelación a una edad algo avanzada. ¿Qué ventajas tiene alcanzar la fama maduro?

Cuando te conceden un premio de este tipo a los 20 años, te da mucha energía para salir adelante, pero si ya te pilla con los 30 cumplidos, con muchas batallas vividas, el efecto es el de recarga. Yo, que todavía no me lo creo y lo vivo como si lo viese desde fuera, me acuerdo, por mi situación, de Saturnino García, al que le dieron el Goya Revelación a los 60 (por ‘Justino, un asesino de la tercera edad’ en el 95), que fue la bomba del año. Nunca es tarde si la he dicho es buena.

Lo de este año ha sido brutal, pero la fama, tras ‘Hospital Central’, no te es ajena…

Es cierto que la gente empezó a conocerme más gracias a ‘Hospital Central’, aunque sólo fuera por el hecho de haber estado cuatro años y medio interpretando al psicólogo de ‘la serie de médicos de los españoles’, pero antes que llamar ‘boom’ a aquello, diría que fue ‘la estabilidad’. Después de haber participado en casi una veintena de series y en diez películas, por fin sabía lo que iba a hacer al mes siguiente, y al siguiente…

Quién te ha visto y quién te ve. Repasando vídeos tuyos de series pasadas se te veía más acelerado.

El aplomo tiene que ver con la edad. Con 20 años me quería comer el mundo, pero la vida me ha ido cambiando. Ahora no me gusta mucho el jaleo y eso se lo das al personaje. Los distintos proyectos te van conformando como persona y actor y te van dando un cierto peso.

¿Fueron duros los inicios?

Yo sabía que quería dedicarme a esto desde enano y tengo la suerte de ser de los pocos actores que no ha puesto nunca una copa. Cuando estaba en 5º de E.G.B. (10 años) convencí a una profesora para hacer teatro la última media hora del viernes, y fue una costumbre que mantuvimos hasta 8º y que desembocó en una obrita con la que nos pagamos el viaje de fin de curso. Después vino la escuela de Arte Dramático, en la que me especialicé en danza, y a partir del 96 empecé a alternar temporadas en Sevilla y Madrid, para acabar estableciéndome aquí (en la capital) en 2001.

¿Cómo se pierde ese acento tuyo que veíamos en ‘Fugitivas’ (Miguel Hermoso, 2000)?

Depende de con quién este hablando y con quién trabaje. Cuando llegué a Madrid me preguntaron en la agencia si tenía problema en quitármelo profesionalmente y les dije que para nada. A veces mis amigos de aquí alucinan porque si me llaman mi hermano o mi padre por teléfono, me transformo. Y cuando bajo del AVE y pongo un pie en mi tierra, aparece también.

¿Cuánto tiene una carrera de trabajo puro y duro y cuánto de autopromoción?

Lo de las fiestas no lo llevo muy bien, pero es un código que entra dentro del contrato: tienes que promocionar y dejarte ver. Sé que a veces funciona y por eso hay que acudir, pero yo voy a cosas contadas con las que me siento identificado. La clave esta en la medida para no dejar de ser yo.

‘Googleas’ Jesús Olmedo y no cuesta nada enterarnos de quién es tu pareja, algo raro en la profesión en este país.

A mí me da igual que se sepa. No tengo ningún problema con ello, básicamente porque es la verdad. Ella también es actriz y no entiendo por qué habríamos de separarnos si vamos a una fiesta o a un photocall. Si me preguntan algo que no quiero contestar, no lo hago y ya está. Es mi novia, se llama Nerea Garmendia y estamos juntos. No hay más que eso.

Guapos televisivos oficiales como Hugo Silva y Miguel Ángel silvestre acabaron echando pestes de sus personajes. ¿Cómo era tu relación con Bruno?

Es cierto que eso que dices pasa, pero no sé el porqué. El otro día Zac Effron se quejaba también. Yo habría seguido con Bruno, pero es verdad que coincidí con Silvestre en el festival de Málaga y que le acabaron arrancando una camisa por día cada vez que salió. Imagínate no poder vivir. Se empeñan en comparar nuestras series, pero creo que la relación que mantenía él con Catalina (Amaia Salamanca) en ‘Sin tetas no hay paraíso’ no se parece en nada a la que yo mantenía con Mel (Esmeralda Moya) en ‘90-60-90’. Lo nuestro era una historia de amor.

(GQ España, diciembre 2009)

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