23 ene 2009

Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008)


Kate sale más delgada que en 'Titanic'; Leo, menos guapo. Ella más rubia; él más moreno, con el pelo más corto y engominado, como si se lo hubiera peinado con una brocha bañada en miel. Ambos actores llegan maduros a una meta convergente que se planeó hace mucho tiempo. Cuando se cortejan, se besan y se casan (por fin, esta vez), ya no parece que él le esté haciendo un favor como hace 11 años. Todo ello tiene lugar en los cinco minutos iniciales y Sam Mendes ya apunta gran oficio como demiurgo de la elipsis. Los hijos de la pareja, meros accesorios serán tratados como fantasmas de manera que se aísla a los sujetos de estudio, cobayas —eso sí, divinos— los dos.

Encuadrada en los 50, época de tiros altos, justo por debajo de la pechera, el director vuelve a hablar como en su debut insuperado de las disfuncionalidades matrimoniales surgidas por el fracaso del 'american dream' con grandilocuente desamparo, teatralmente, fiel a sus raíces. Dijo Trueba en una ocasión que 'Maridos y mujeres' era la película más violenta de los 90. Desde hoy tenemos firme candidata para esta década que pronto se acaba.

'Revolutionary Road' tiene un arranque algo errático tras su expeditivo clip inicial. Le lleva nada menos que ochenta minutos revelarse como el gran thriller romántico que es. Hasta entonces, pausada y enfática, utiliza la infidelidad como catalizador positivo para el avance del amor, rememorando los 50 con minuciosa precisión pero tirando de la moral fílmica actual. Eso es refrescante. Un polvo urgente quitaba las mismas penas en tiempos de Eisenhower que ahora.

Valoración: 8/10

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