23 abr. 2009

Aida Folch, de lolita a 'prota' en siete cómodos pasos

Aida Folch lleva ocho años paseándose con garbo por el cine español. La esencia turbadora de su tempranero debut se ha mantenido vigente siempre. Ésta radica, ya lo percibió Trueba a sus 14, en unos ojos en los que es difícil sumergirse por la dureza que desprendan. Las veleidades del destino habían querido que, aún siendo un rostro popular, no hubiera tenido ninguna oportunidad para lucirse como protagonista principal, pero todo eso acabó en el momento en el que el guionista Patxi Amezcua decidió debutar en la dirección de su mano con '25 kilates', donde Folch da vida a la tramposa 'Cay'.

Aida Folch, con mirada dura en '25 kilates'

¿Queréis saber cómo ha sido su crecimiento y lo que ha aprendido en cada una de sus películas más importantes hasta llegar a la que estrena esta semana? Nos lo cuenta ella misma...


1. El embrujo de Shanghai (Fernando Trueba, 2002)

Lo que aprendí en esta película fue que esto era lo que quería hacer durante el resto de mi vida. Fernando Trueba es mi padre cinematográfico y si no hubiera confiado en mí, seguramente no estaría haciendo nada. Cuando entras en el negocio ya lo tienes más facil y que apostara por una niña de 14 años sin experiencia fue todo un lujo para mí. Si la peli la hubiera dirigido Víctor Erice —como pudo haber sido—, quizá las cosas habrían sido muy distintas; para empezar, no creo que él me hubiera elegido y por eso prefiero que la acabara haciendo Trueba. Ahora me gusta mucho Erice y me encantaría trabajar con él, aunque yo en aquella época no sabía quién era mejor. De hecho, antes de ir al casting, no sabía ni quién era Fernando.

2. Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002)

Con ésta comencé a entender mejor la sociedad (el paro hasta aquella época no me interesaba porque era muy pequeña), pero si echo la vista atrás, lo primero que me viene a la cabeza son la increíble profesionalidad y humildad de Javier Bardem, Luis Tosar y Fernando León. Si ahora la volviera a rodar, no dejaría de mirar un momento cómo hacían todo porque lo aprovecharía mucho más. Yo veía cómo estaba de gordo Bardem, andando de esa manera tan exagerada —después de hacer 'El embrujo...', en la que me pidieron que fuera natural— y me decía: 'Este hombre, qué mal lo hace, qué exagerado, cómo anda, cómo habla, qué brutote'... y ahora me doy cuenta de que estaba todo calibrado.


3. La mirada violeta (N. Pérez de la Paz y J. Ruiz, 2004)

En ésta rodé durante muy poquito tiempo, pero me gustó el personaje porque tenía que hacer de chica responsable y apegada a sus libros de filosofía. Me parecía diferente a mis otros papeles, pese a que fuera otra lolita estudiante, ya que me dio la oportunidad de ahondar en un personaje movido por el amor puro.


4. Salvador (Manuel Huerga, 2006)

Habría sido un placer participar en ésta aunque hubiera sido gratis. Ni siquiera me importó que el papel fuera pequeño. A mí, como catalana, me tocó muy de cerca y, aparte de lo incuestionablemente arriesgada que era, me pareció muy útil para que los jovenes que no conocían la historia la entendieran de esta manera entretenida (no hay que olvidar que el cine también es un espectáculo). Hubo mucha gente que se quejó de que los acontecimientos no discurrieron de esa manera exactamente, pero no podíamos hacer una película de cinco horas. Manuel Huerga es un director estupendo e hizo una trabajo fantástico.


5. Las vidas de Celia (Antonio Chavarrías, 2006)

Fue el proyecto más interesante y extraño en el que he trabajado. Que no tuviera que fijarme en las marcas, la cámara al hombro, que se rodara cronológicamente... fueron todo ventajas, porque salías de un sitio con un estado de ánimo y no tenías que andar pensando cómo debías sentirte en la siguiente escena. Te sentías así y punto. Además de todo, me pareción una propuesta muy original, muy de autor, con interesantes saltos de tiempo y un montaje muy cuidado. Como actriz, creo que el poder improvisar fue a favor de la peli.


6. Cuéntame (TV) (Sergio Cabrera, 2001-???)

Al principio no quería hacer tele porque me daba terror. A mí la fama me importaba muy poco y lo único que siempre he buscado es hacer cosas que me gusten. Cuando me involucré en esta última temporada lo hice porque era una serie que funcionaba, que se rueda lentamente, como si fuera cine, y sin nada de estrés. Evidentemente no me van a encasillar, por mucho que sea tele, porque hago de francesa y no creo que me toque un papel similar nunca más. La dificultad viene de que soy francesa pero hablando en español, lo que podía haber quedado muy cutre, y ahí surgía mi reto. En tiempos de crisis, en los que no hay apenas castings, se agradece la estabilidad que da la televisión.

7. 25 kilates (Patxi Amezcua, 2009)

Con '25 kilates' he aprendido que vale la pena hacer cine y que el dinero no es todo. Siempre he confiado mucho en esta pelicula y, egoístamente, me pareció una gran oportunidad como actriz: mi primer 'prota' absoluto y no un papel coral como había hecho siempe. Lo excitante vino de la responsabilidad de participar en el proceso de creación del personaje como nunca antes y de probar con un cambio de genero. Patxi (Amezcua) ha sabido sacar mucho provecho a los recursos que tenía para dar lugar a un espectáculo que distrae y del que la gente (creo) sale con buen sabor de boca. Mi cambio para interpretar a 'Cay' fue total, desde el método (nunca había trabajado con una 'coach') hasta aprender a conducir, cortarme el pelo o crear toda una serie de hábitos que repito sin parar durante la peli.

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