30 oct 2009

Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki, 2008)


Veintiún crueles años han tenido que pasar para que pudiéramos apreciar en tamaño reglamentario y ortodoxo (el DVD si se había comercializado) la obra que categorizó a Hayao Miyazaki como el Walt Disney de Oriente y miembro del podio permanente de grandes del género animado, cuya última, y puede que definitiva, adquisición ha sido John Lasseter.

Sin embargo, la concepción del cine de éste último poco tiene que ver con la mansedumbre conceptual del japonés, que demuestra en esta 'Mi vecino Totoro' las señas identitarias específicas que hemos visto a tiempo real (en el momento de los estrenos, éstas sí) en las más recientes 'La princesa Mononoke', 'El viaje de Chihiro' o 'Ponyo en el acantilado'.

No hay adrenalina en los mundos de Miyazaki y sí una exposición de un mundo absolutamente carente de maldad o de sentimientos doblados. Juega con las cartas marcadas en una competición, la animada, donde las únicas transgresiones posibles tienen que ver cada vez más con los chistes obscenos y las contestaciones subidas de tono. Sabe la tradicional industria que el viejo patriarca comanda que frente a la revolución pixelada y multimillonaria que procede de Disney y de Dreamworks sólo puede ofrecer artesanía y esmero. Y que para confrontar el teta-culo-pedo-pis de Peter Griffin y demás chinches televisivos debe pulir su lenguaje y buenas maneras hasta límites beatos. Lo hemos visto este año con 'Ponyo' y lo percibimos retrospectivamente en esta obra referente.

Veintiún años y nada ha cambiado. La revolución silenciosa de Miyazaki consiste en ser fiel a sí mismo y esperar que la bondad que anida en nuestros corazones se vea accionada por mecanismos tan simples como una mano que te acaricia o una sonrisa que conforta. Lo único que funcionará toda la vida esquivando cualquier moda. No en vano Time Out la eligió el mes pasado "Mejor cinta de animación de la historia". Yo no digo tanto, pero sí que, de tanto en tanto, un chute de inocencia 100% sin conservantes ni colorantes sirve de revulsivo necesario para combatir el dañino cinismo ambiental.



Valoración: 8/10

Estreno: 30 de octubre de 2009

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