9 jun. 2010

EEUU, la Brasil del cine

Tom Cruise y Kaká. 

Si tuviéramos que establecer una analogía entre las distintas industrias fílmicas y las escuadras que concurrirán en el Mundial de fútbol, hay una cosa clara: Estados Unidos sería la Brasil del cine. Por cantera de estrellas, por potencial publicitario de sus estrellas y por hegemonía histórica.

Quizá el combinado de Dunga no sea el más trabajado o erudito. Depende de sus brillos individuales y obviamente no pasa por su mejor momento, pero, si los ingleses inventaron el balompié, está claro que ellos lo elevaron a la categoría de bella arte.

Puede que, como los grandes 'blockbusters', no vayan a tener buena crítica (la prensa les da palos aunque goleen), pero su efectividad es incuestionable. Además, su hombre franquicia nunca deja de estar cuestionado. Kaká, declarado evangelista, nos recuerda al cienciólogo Tom Cruise, quien también espera recuperar algo de su brillo perdido con 'Noche y día' tras un ya largo letargo. Pronosticamos semifinales mínimo para ellos.

Siguiendo en el continente americano, la segunda máxima superpotencia sería Argentina, que recuerda mucho a la cinematografía mexicana: todos sus talentos juegan fuera. Messi, Higuaín y Tévez han emigrado a pastos más verdes del mismo modo que Iñárritu, Cuarón y Del Toro, un tridente de magníficas prestaciones tanto más interesante con sus clubes (cuando Hollywoood les llama) que cuando han trabajado para la patria. Delanteros con botas de oro que adolecen de una algo endeble estructura en la retaguardia. De todos modos, si tienen el día inspirado, pelearán por un puesto muy elevado.

Saltamos el charco, pero en dirección oeste, y nos plantamos en Oceanía, donde nos fijaremos en Nueva Zelanda, cuya industria es prácticamente insignificante y su mayor mérito ha sido el de exportar al visionario Peter Jackson y a los oscarizados actores Russell Crowe y Anna Paquin. Recuerdan a una potencia futbolística exótica y convidada de piedra cuyo único mérito consiste en figurar como gentilicio de estrellas, muy al estilo de las canteras sudafricanas.

Lo mismo le pasa a Australia, también en la competencia: Mel Gibson, Hugh Jackman y la Kidman se aburrían del poco movimiento y se fueron a la Meca. Que pasaran de la fase de liguilla cualquiera de los dos computaría como milagro.

Llegamos en nuestro recorrido a la más interesante Asia, en la que destacamos, cómo no, a Japón y a las Coreas. Si uno de las tres tuviera una mínima oportunidad, sería la de Corea del Sur, quien más lejos ha llegado nunca (semifinales en 2002 por culpa del casero Al-Ghandour), gesta comparable a la Palma de Oro tailandesa de Apichatpong el mes pasado en Cannes. No obstante, pese a que su esfuerzo es encomiable y su fútbol heterodoxo e imprevisible, lo normal es que les suene la flauta sólo de vez en cuando. En cine son vanguardia y su reflejo futbolístico habría que buscarlo en un equipo de perfil medio-alto europeo. ¿Holanda?

África es en general potente y expeditiva aunque algo anárquica. Puede no tener grandes nombres, aunque nunca falta uno por combinado. Tienen reciente como Tailandia un relativo éxito en Cannes, con la presencia de la cinta 'Un homme qui crie', del director chadiano Mahamat-Salem Harounn. Se les valoran las buenas intenciones, pero a no ser que el ariete del Chelsea haga saltar la banca con un hat trick por partido para Costa de Marfil (al estilo del Oscar 2005 que consiguió 'Tsotsi'), auguramos poca gloria al continente anfitrión.
La vieja Europa

Por fin llegamos a la vieja Europa, que aglutina a gran parte de las favoritas al triunfo final. Seria, académica y solvente es la industria francesa. Cuenta con intérpretes señoriales y carismáticos que quizá no sean superestrellas pero prometen un digno nivel de notable holgado. Toda una garantía a la hora de pagar el precio de una entrada. Del mismo modo que la Alemania futbolística, que no siempre convence, pero casi siempre vence, como decía aquel.

Inglaterra, tercera favorita según las casas de apuestas, es, quizá con la brasileña, la selección más glamourosa debido a su 'bestia parda' Rooney, un feo comercial. Franquicias como 'Harry Potter' o 'James Bond' tienen factura yanqui pero bandera isleña. No hay que subestimarles. Presentan la perfecta identidad entre fútbol y cine y no necesitan extrapolaciones. Un enemigo temible para cualquiera que apunta a semifinales o más allá por versatilidad (abarcan desde el pop pseudoestadounidense de Guy Ritchie o Matthew Vaughn hasta el discurso contemplativo de Ivory) y garra (los Loach y Frears más peleones).

España y el reto de cuartos

Y luego está España, ese imprevisible combinado que ha hecho del no pasar de cuartos un ejercicio de estilo. Nos encantaría decir que la industria española es tan efectiva como el fútbol italiano, que no siempre gana, pero rara vez decepciona en las grandes citas.

Independientemente de que tenga mejores o peores jugadores, Italia siempre cuenta. Quizá porque son una liga eminentemente autárquica y dependen más de la rocosidad del fondo de armario que proporcionan sus oriundos en el Calcio que de los fichajes, como nosotros.

Las películas españolas malviven en las salas a causa de la invasión estadounidense, y, ojo, que no estamos pidiendo Ley Bosman para el cine. Sólo en el momento en que nos damos cuenta de que lo de fuera no es necesariamente mejor (Amenábar, Almodóvar, Monzón o Rebollo vertebran un cine sano y pujante), podremos darnos cuenta por fin de que esa Eurocopa histórica del 2008 fue nuestra por derecho propio y que su ratificación de dentro de un mes puede atender más a una realidad merecida que a un ejercicio de suerte puntual.

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Lee el artículo original en El Mundo.

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