27 ene 2009

¿Qué es lo que no quita el pie de encima a Cruise para que no levante cabeza?


Está nervioso. O lo parece. Como quien no sabe de dónde le va a venir la primera colleja. Como el subalterno que va a hablar con el jefe por primera vez y duda si éste estará al corriente de que ha hecho fotocopias personales a sus espaldas. Solícito, por ponerle una etiqueta, se muestra serio, casi triste, al empezar. Correcto pero sin brillo. Presenta Valkiria, su enésimo intento de resurrección.

En un momento determinado de la rueda de prensa que ofrece en Madrid, atiende atento a la pregunta de un periodista andaluz que acaba diciendo: “Muchas gracias”. Antes de que le descifren el contenido de la pregunta -no parece que su relación pasada con Penélope le haya preparado para afrontar a los periodistas españoles sin intérprete-, responde con otro “Muchas gracias” al estilo japonés, con reverencia y solemnidad. Le dicen que la pregunta es para el guionista, pero él no se destensa. El oficinista que esta mañana encarna Tom no sabe si el jefe es consciente de que cuando nadie le ve, a veces hace llamadas personales desde su cubículo.

Fino, fibroso, con ropa ceñida oscura, que no logra sin embargo atenuar el bronceado de su piel, contesta a todo tirando de chuleta. “Mi carrera no está más cuestionada que otras veces”. “Sólo quiero hacer películas”. “Hago películas para audiencias amplias pero sin descuidar la calidad de las mismas”. Hasta que topa con la palabra Cienciología. Una televisión le ha preguntado sobre la acogida en Alemania de su última película cuando durante el rodaje el año pasado protestaron por su afiliación a lo que en el país teutón consideran como una secta. Él no tuerce el gesto. O no ha entendido o no quiere entender. Es el traductor el que no deja acabar la pregunta. Revuelo de periodistas. “Que diga él si no quiere contesta”. “Lo ha dicho”, aclara el intérprete.

No es desvelar nada nuevo el decir que Cruise sigue los preceptos de la religión creada por L. Ron Hubbard. Ni tampoco que fue su primera mujer, la actriz Mimi Rogers, la que le inició en tal culto. Él siempre ha mostrado gran gratitud por lo que ha obtenido de su confesión; le atribuye la cura de su dislexia.

¿Es eso lo que más molesta de Cruise? ¿O es que su actuación en el programa de Oprah el 23 de mayo de 2005 todavía no ha sido aceptada ni siquiera tras su intento de lavado de imagen en el mismo escenario el año pasado? Tras sus gritos, saltos y promesas de amor eterno hacia Katie Holmes (16 años menor que él), la que se convertiría en su mujer el 18 de noviembre de 2006, Paramount, la compañía a la que había estado ligado la mayor parte de su carrera, decidió discontinuar su contrato. Se pasó a United Artists y al amparo de Robert Redford acometió su primera tentativa de reflotamiento: Leones por corderos, pasando desapercibida tanto para la crítica como para el público (14 millones de recaudación por 35 de presupuesto). Mejor le está yendo con la presente Valkiria, que lleva recaudados cerca de 80 millones, si bien es cierto que nadie ha aplaudido en exceso el papel de Cruise. Parece que también habrá que pedir perdón para acercarse al cine a ver esta. 100 millones 7 pelis seguidas

No goza de gran popularidad. Se puede apreciar en el ‘estrellometro’ del imdb pro, que mide el número de impactos informativos de las estrellas del cine. Un discreto puesto 23 (no encabeza la lista desde hace cas cuatro años) le sitúa detrás de hasta 9 estrellas adolescentes por pulir.

Parece pues que tanto la Cienciología como Oprah han erosionado parte de su carisma. Ahora cabe cuestionarse los efectos colaterales de su onda expansiva. Basta recordar que Katie Holmes, prometedora actriz salida de ‘Dawson crece’ con gran proyección tras protagonizar ‘Batman Begins’ ha visto cómo la prensa del corazón ya no la considera una actriz seria sino más bien como a una coqueta ama de casa. De igual modo, un poco antes, su relación con Penélope Cruz hizo que la imagen de ésta empezara a deteriorarse en nuestro país por su supuesto afán de arribismo. Era fácil, claro, ponerse del lado de la perdedora en la contienda, Nicole Kidman, que pasó a convertirse tras Moulin Rouge, y ya sin Cruise en las fotos, en la actriz más importante de su momento.

Lejos del sempiterno fulgor de Brad Pitt, que vio su aura multiplicada tras su enlace con Angelina Jolie, con Jennifer Aniston abandonada por el camino, Tom se intenta reivindicar día a día. Puede que sea por los efluvios tóxicos que desprende que Will Smith no se atreve a salir del armario religioso que lo cobija: "Soy cristiano", afirmó el pasado marzo. "No tienes que ser judío para ser amigo de Steven Spielberg, no tienes que ser musulmán para ser amigo de Muhammad Ali y no tienes que ser cienciólogo para ser amigo de Tom Cruise", añadió el protagonista de 'Siete almas', todavía en nuestras carteleras.

En tiempos recientes, la industria americana del Cine nunca ha sido un ambiente excluyente en cuanto a ritos o filias. A nadie le molesta que Shirley McLaine hable con los espíritus o que Richard Gere sea budista. En ámbitos deportivos, Akeem Olajuwon, Lew Alcindor y Cassius Clay no levantaron tanto revuelo juntos al rebautizarse con los nombres de Hakeem Olajuwon, Kareem Abdul-Jabbar y Muhammad Ali como Cruise.

Hollywood, meca de las dietas basadas en alimentos de un solo color, del Feng shui y del sexo tántrico no perdona a Cruise por ser el portavoz de L. Ron Hubbard. No sería muy extraño de no ser porque otros famosos como Larry King, Dustin Hoffman, Oliver Stone, Constantin Costa Gravas, Mario Puzo, Aaron Spelling o Gore Vidal son reconocidos partidarios. ¿Será que un brinco en un sofá puede costarle la fama al que fue la mayor estrella del mundo? ¿No hay perdón posible ni resurrección a la vista para el chico de Siracusa?

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