20 mar 2009

Duplícity (Tony Gilroy, 2009)


El guionista de 'El caso Bourne' le cayó en gracia a George 'cafeteras' Clooney, que le puso un piso en La Moraleja, o lo que es lo mismo, le dio a dirigir 'Michael Clayton', la cual le catapultó al estrellato. Julia debió pensar que no fue casualidad y se dejó engatusar para su definitivo retorno al firmamento tras haberse tomado su carrera a broma desde que sus pechos postizos la llevaran más lejos que nunca ¡en 2001! Después de su larga excedencia, y aunque esta vez parece que iba en serio, no ha tenido la suerte de encontrarse al Gilroy del glorioso debut, sino a un pedante artesano con ganas de impresionar y al que todos sus golpes de efecto le han salido por la culata.

'Duplicity' es un refrito de todo aquello que ha posicionado a Soderbergh en la industria pero tamizado por un filtro cutre y miope. Si en el director de 'Traffic' el montaje sugiere autoparodia y asueto, en Gilroy, cada planificación de escena deviene en un artefacto afectado y grave. Recuerda a ese farsante que se ha graduado con honores pero se encuentra ante su primer trabajo de verdad y le asola la amenaza del gatillazo.

Hay además un exceso confianza en un guión acartonado, demasiado literal y dependiente de los trucos derivados de sus giros, pero lo que más molesta, sin duda, es que Gilroy no sea capaz de acabar ni una sola escena. Semejante en mucho a Hamlet, aquel príncipe danés al que le costaba tomar decisiones, tal y como decía Natalie Portman en 'Beautiful girls'. ¿Será porque con un plano inolvidable de dos minutos fijo en la cara de Clooney mientras fluían los títulos de crédito de su ópera prima consiguió cinco nominaciones a los Óscar? Alguien debería decirle que de tanto ir el cántaro a la fuente...

Valoración: 5/10

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