16 nov. 2009

The Box (Richard Kelly, 2009)


Richard Kelly confunde, como tantas veces le ha ocurrido a David Lynch, inquietud con sinsentido. Lo que en 'Donnie Darko' parecía una revelación notable, el uso de fenómenos extrasensoriales para apelar a lo más acojonadizo de nuestra sensibilidad funcionó debido a lo inesperado de su propuesta, aquí se revela impostura histórica. Los personajes que allí creó tenían la entidad de un guión labrado con esmero y cariño, bebiendo de fuentes referenciales, aglutinando una serie de líneas memorables para crear el mito instantáneo. Dentro de su excentricidad, su potencia visual incuestionable ligada, como en 'Terciopelo azul', al pueblito de provincias hizo que la experiencia fuera aplaudida. Y luego, el apagón.

Sospecho que aquello fue un sonar de flauta o la condensación ultraanabolizada y enmorcillada de todo el talento que alguna vez ha poseído porque, pasando de puntillas sobre la radicalmente vacía 'Southland Tales', de verdad tan mala como dicen los que sí la han podido ver (esta segunda cinta suya no llegó a los cines españoles), 'The Box' es una constante apelación disléxica a la paleta emocional que sirvieron para dar forma a 'Twin Peaks' y 'Carretera perdida'. Prevenido por la querencia de Kelly de despegar de la comprensibilidad global en el momento más imprevisto, el espectador informado sabe que a partir del minuto 25, que es cuando se produce el salto al abismo de la autoindulgencia, el viaje ya no tiene marcha atrás.

Esta vuelta a los 70, más por homenaje al capítulo de 'Twilight Zone' del que parte 'The Box' que por necesidad real de llenar todo de pelucas imposibles y estilismos floridos que lo único que hacen es recargar la atmósfera de surrealismo, es otra muestra de que Kelly quería redimirse después de su inapelable fracaso anterior intentando demostrar muchas cosas en cada plano. No le ha salido.

Ni Cameron Diaz ni James Marsden, sositos de por sí y con cara de haberse chutado un orfidal como única herramienta interpretativa para preparar cada escena, logran hacer que el espectador entre de nuevo una vez ha perdido la paciencia. Únicamente Frank Langella, tan efectivo como acostumbra, y con un maquillaje muy logrado, eso sí, parece darse cuenta de que lo que tiene entre manos es una gilipollez extrema y que cuanto antes y mejor salgan las tomas, antes puede irse a su casa a acariciar la coronilla de su gato Charles.

Ah, no lo había contado, la peli va de un dilema moral. Ese aspecto lo despacharé diciendo que tiene la complejidad de un móvil sin cámara de fotos.


Valoración: 3/10

Estreno: 6 de noviembre de 2009

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