13 nov. 2009

Cusack, un héroe muy discreto que no me supo resolver el epitafio de Hughes



John Cusack es un tío alto de 1,91 que en la pantalla parece menos y a un metro de distancia parece más. Hay gente a los que la cámara les engorda cinco kilos; a él le resta diez centímetros.

Nos avisan de que está de mala hostia, de que el grupo que se ha entrevistado antes con él le ha visto desganado y molesto por algunas de las preguntas. Este actor/autor ha llegado a San Sebastián con la misión de promocionar '2012', una de las más alimenticias películas de su carrera, una en la que el mundo se desmorona por la radiación de neutrinos alborotados en el interior de la corteza terrestre debido a emisiones solares incontroladas. Todo pseudotécnico y bañado en explosión. Si me pedís mi opinión, Cusack cree que lo que ha rodado es peor de lo que los periodistas y críticos pensamos, por eso hay un constante hilo de disculpa colgando de la comisura de sus labios. Y una especie de pesar similar al del pianista virtuoso que ha clavado 'El vuelo del moscardón', pero sin embargo se aporrea la cabeza contra la pared al llegar a casa porque el fallo imperceptible del segundo movimiento es para él peor que la amputación de varios de sus dedos.

Tenía esta grabación escondida entre muchos documentos que en soitu no se pudieron llegar a publicar. Y creo que es adecuado rescatarla el día del estreno mundial de la película, para empezar porque Cusack es uno de mis grandes y para seguir porque habla de un par de cosas que me interesan.

No sé si sabéis de qué va esto de los encuentros con las celebridades mundiales. Pues bien, lo habitual es que alguien de su talla se reúna consecutivamente con un par o tres de grupos de unos cinco periodistas, en los que cada uno, de modo respetuoso, hace uso de su audacia para formular una pregunta que sea a la vez algo nuevo, un juguete y un chocolate. Si toca compartir la mini rueda de prensa con alguna radio, la traducción se hace necesaria, con lo que, si ésta no es simultánea, como fue este caso, a duras penas tenemos tiempo de hacer una cada uno.

Yo, que en soitu debía hacer enfoques diferentes para poder diferenciarnos del resto de prensa generalista, que afortunadamente debía darle vueltas a la cocorota, cosa vivificante y espabiladora, pensé que todo lo relacionado con la película ya se lo preguntarían los compañeros. Cosas como "Señor Cusack, parece que los actores de su prestigio tengan que pedir perdón cuando rueda una película de este tipo… ". Y John respondiendo que "en épocas diferentes toca hacer diferentes cosas, que a veces quieres trabajar sin más y no puedes elegir, y que participar en un blockbuster de vez en cuando no está mal, sobre todo si es a las órdenes de alguien como Roland Emmerich, gran director a nivel técnico y de actores que puede tener a cualquier actor (Spader, Gibson, Quaid) que se proponga.

Y prosigue: “Esta mañana me encontrado a Ian McKellen en el hall del hotel (María Cristina) y le he dado la mano porque soy un gran fan. Es el tío que hizo 'Ricardo III' pero casi todo el mundo le conoce porque fue Gandalf en 'El señor de los anillos', peli que se ha convertido en un clásico porque Peter Jackson es un genio”. Entendemos la idea. Equipara a Jackson con Emmerich, pero me da la sensación de que nosotros nos lo creemos más que él.

Roland Emmerich, John Cusack y Chiwetel Ejiofor.

Habla también de Robert Downey Jr. y de lo difusa que es a veces la barrera entre los proyectos netamente artísticos y la comercialidad salvaje, pero de lo que está bien seguro, y en esto ahonda, es de que “trabajar en '2012' no es como hacerlo en 'Transformers', que es como un videojuego para niños pequeños”. Si tenías alguna gana de trabajar con Michael Bay, estas declaraciones no te lo van a poner fácil, John.

Nos relata también contenidos de tinte filosófico, reflexiones sobre la naturaleza humana en situaciones desesperadas. A la pregunta de si necesitamos más catástrofes para que surjan más héroes en el mundo, él insiste en la familia (de la que por cierto, al margen de su hermana Joan, se conoce poco. No da titulares amarillos habitualmente y, que se sepa, sigue soltero a sus 43). "Todos sabemos que hay problemas con las guerras y con el calentamiento global. La película pretende despertar a la gente y hacer que se cuestionen: 'Si a mi me quedase poco tiempo de vida, ¿con quién querría pasarlo?, ¿cuáles serían mis prioridades?'".

Pero ése no es mi turno, mi turno es caprichoso, guardo mi cohete para el final porque no tiene que ver con la actualidad, al menos no totalmente, pero tampoco tengo idea de cuándo veré a Cusack de nuevo o de si le volveré a ver. John Hughes, el icónico director de comedia de los 80, falleció hace exactamente un mes y medio (en el momento de la entrevista, 24 de septiembre) y yo, de vacaciones, no pude escribir la necrológica que se merecía. Arteche me echó un capote. Él, que le catapultó a la fama con 'Dieciséis velas' al comienzo de su carrera requería un homenaje en primera persona por parte de una de las mayores estrellas con las que trató, el gran tiburón blanco de los actores hughesianos, ídolo de adolescentes pijameras de pelo cardado hace ya casi tres décadas.

Así eran los enfoques soitu. A veces salían y a veces, como ésta, no demasiado: “No le conocí demasiado. Me dio mi primer trabajo a los 1 años y me dirigió durante tres semanas. Puedo decirte que era listo y que me gustan muchas de sus películas, sobre todo una en la que aparecen John Candy y Steve Martin ('Mejor solo que mal acompañado'). Sus cintas estaban enmarcadas en una especie de posmodernismo socarrón destinado a gente muy joven y yo aún no estoy seguro de si mi personaje no hablaba de una manera demasiado guay (tara que en el pasado inmediato también se achacó a 'Juno')".

La icónica Dieciséis velas cumple sus bodas de plata este año (Cusack, a la izquierda).

Le pregunto si hemos perdido la inocencia, si ese espíritu blandito que encerraban las películas de entonces se ha marchitado, y es entonces cuando Cusack me muerde la mano, el brazo y hasta el hombro. Saca a pasear al político que lleva dentro, carga su fusil y escupe parte del discurso que acostumbra a cultivar en su blog marcadamente demócrata del Huffington Post: "En los 80 tuvimos a Ronald Reagan y la Guerra Fría. No tengo una conciencia de aquellos años como años inocentes", dice antes de levantarse y marchar al encuentro siguiente grupúsculo. "Thank you guys", se despide el Rob de 'Alta fidelidad' mientras los compañeros murmuran "pues ha estado majo" en un español que no entiende porque no le hace falta y porque ya anda lejos.

2 comentarios:

María José Llerena dijo...

Acabo de descubrir este jugoso pastel de manzana. Prometo morderlo con regularidad, Alberto.

Alberto Moreno dijo...

Gracias Mariajo. Lo tenía aquí medio escondido, sin publi, metiendo poco a poco lo de soitu, pero ahora que nos hemos quedado sin flujo, hay que buscar pastos menos verdes pero también estimulantes.