19 nov. 2009

Un lugar donde quedarse (Sam Mendes, 2009)


Fue a la salida de un pase el otro día que me dijeron: "Y la última de Mendes, ¿la has visto ya?". "Sí", respondí, todo interesante. "¿Y bien?", repreguntaron ellos, todo interesados. "Es floja", sentencié (yo soy muy sentencioso). "Es quizá su peli conceptualmente más ambiciosa y, a la vez, la menos redonda", seguí. "Pues los que la han visto dicen que, por lo menos en ésta, Mendes ha abandonado su habitual pose", siguieron; a lo que yo respondí indignado: "Es que a mí me mola la pose de Mendes".

Sí, porque, vamos a ver, está al alcance de muy pocos haber parido cuatro pelis que son casi maestras en sus respectivos géneros ('American Beauty', 'Camino a la perdición', 'Jarhead' y 'Revolutionary Road'). Si os digo la verdad, haciendo rapidísimo resumen mental de esta exquisita selección, diré que no había pensado nunca que hubiera una pose Mendes al margen de su gusto por intrapolar los problemas de toda la sociedad a sus cerrados, opresivos, microecosistemas. Mientras la grandilocuente contestación que cierra el primer párrafo salía de mis labios, sabía que lo único que cabe achacarle al novio de la Winslet es la cierta frialdad que desprenden sus personajes y su hermética perfección academicista, pero he de admitir que en cuanto degusté su debut insuperado, casi me pongo a hacer cola en la siguiente sesión para degustar de nuevo en primera persona su potencial arrasador. Al final esperé dos días: seguía intacto.

Porque Mendes consigue desde la distancia lo que otros no consiguen desde las trincheras, que es apelar a lo más profundo de ciertos sentimientos desde un púlpito demiúrgico. En mi opinión, su mano maestra se percibe más que en ningún otro sitio en la elección de sus proyectos, en su talento paradójico para extraer sentimientos en teoría alejados de los marcados estereotipos que gestiona.

Siendo cierto que con esta comedia de poco pretencioso aspecto, vendida al estilo indie, con cartel de sleeper y reparto garrafónix (sólo salvo a Maggie Gylenhaal) intentaba ser más humano desde el very beginning, para empezar porque la comedia ya rebaja el nivel de exigencia achacable a un autor. Lo mejor que te pueden decir es que eres poco pretencioso, si bien es difícil, en la otra cara de la moneda, que cataloguen de brillante a tu criatura. Reírse nunca ha sido cosa seria.

El principal problema de 'Un lugar donde quedarse' es el marcado acento que pone en cada uno de sus capítulos por hacer sentir a la audiencia que los dos protagonistas principales (pareja de padres futuros en busca del destino ideal donde criar a su feto) son mejores que todos los demás secundarios por el mero hecho de no hacer limonada con los limones que les han dado. Como si la gravedad fuera sinónomo de ser buenas personas.

Trata de gilipollas Mendes a las buenas gentes de los distintos hábitats norteamericanos. Los trata de gilipollas porque efectivamente lo son. El problema no es su mirada prepotente a la hora de filmarlos, sino haber escogido una muestra deliberadamente tan poco realista que acaba por convertir la búsqueda en un clasista vodevil. Curioso que cuanto más ha querido bajar de su pedestal Mendes, de su pose, más insolente se ha vuelto.

Hay quienes han nacido para ser grandes, aunque sea a su pesar.

PD: John Krasinski hace de John Krasinski y Maya Rudolph, su parteneire, no ofrece absolutamente nada que no pudiera hacer cualquier otra actriz. No tiene mucho talento el director a la hora de descubrir nuevos talentos (y si no, ¿alguien se acuerda alguna vez de Mena Suvari, Thora Birch, Wes Bentley o del hijo de Hanks en Camino a la perdición?).



Valoración: 6/10

Estreno: 20 de noviembre de 2009

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