14 may. 2010

En el psiquiatra con Oliver


Oliver Stone, hagiógrafo de caudillos, tiene la cabeza alborotada. Muchos demonios, seguro. No es mercenario a sueldo, sino un creador. Pocos lo cuestionan. Pese a no escribir todas sus cintas, tiene un discurso propio y no trabaja de encargo. Así, lo que sale de su cámara es una prolongación cristalina de su psique. Roguemos al señor. O no tanto, que se lo ha montado bien. Mientras el común de los mortales se gasta una media de 60 euros en sesiones de psicoanálisis, él recauda pasta por hacernos partícipes a todos de sus obsesiones. Este viernes presenta en Cannes la segunda parte de ‘Wall Street’ de la mano de su fetiche Gordon Gecko, el personaje de ficción más citado en reportajes económicos desde la quiebra de Lehman Brothers. 

La crisis es un trending topic y, a tenor de los buenos resultados de la precuela, puede que nos encontremos ante el renacer de Oliver, que lleva más o menos atascado desde que ‘Un domingo cualquiera’ (1999) se contara su último gran éxito. En caso contrario, va a necesitar una terapia larga, porque traumas, se le nota, le sobran. Nosotros nos adelantamos y le sentamos en el diván. Desconcierto, no sabemos por dónde empezar, pues Stone aqueja muchas patologías, así que comencemos por el principio cronológico del historial.

El paciente comienza a dibujar un cuadro disociativo importante casi al inicio de su carrera con ‘Platoon’ (1986). La que quería ser contrapunto realista a la más naif ‘Boinas verdes’ (1968), de John Wayne, acaba teñido de alboroto mental insoslayable para el soldado Charlie Sheen. No sólo duda de si odia más a los charlies o a su propio mando. También se debate entre papá Tom Berenger y mamá Willem Dafoe. Esquizofrenia con dos grados de complejidad, mal empezamos. No es la última vez que el sujeto de estudio padece un episodio semejante. En ‘Giro al infierno’ (1997), Sean Penn sufre similares alteraciones esquizoides agravadas con fuerte adicción al sexo focalizada en J.Lo.

Tres años más tardes encontramos una clara recaída. Si su alter ego Gordon Gecko (Michael Douglas), fue (es) un exitoso y megalómano tiburón de las finanzas en ‘Wall Street’ (mejoría moderada), el Tom Cruise de ‘Nacido el 4 de julio’ se convierte en todo lo contrario. También traumas de guerra y profunda depresión. Cuánto daño le hizo Vietnam al soldado Stone. Bipolaridad por contraste en corto espacio de tiempo.

No podemos dejar sin analizar sus biografías de presidentes, tan trufadas de disfunciones. ‘JFK’ hablaba de paranoia colectiva tras el asesinato de Kennedy en 1991. Y de ahí, salto mortal sin red para pasar a analizar a su rival electoral Richard Nixon. Resulta hasta absurdo pararnos a pensar en las patologías que asolaban al paciente durante aquel rodaje de mediados de los 90, pues el más impopular de todos los presidentes sencillamente aglutinaba todos los problemas posibles. Un interno tan complicado que haría perder la paciencia del galeno más curtido. A partir de ahí sólo se podía ir a por el más difícil todavía: ‘W.’ (2008) "Si fuera George Bush, me pegaría un tiro”, llegó a decir. Se aprecian instintos suicidas.

Pero mejor matarse que matar a los demás, como hacían Mickey y Mallory en ‘Asesinos natos’(1994), una cinta absolutamente lisérgica y alucinógena tan desagradable de ver que hasta el propio Tarantino (guionista del esbozo y príncipe de los psicópatas) renegó de ella por deslavazada y violenta. 

Aunque si hay que hablar de drogas y del estropicio mental que ocasionan, volvamos a 1991. ‘The Doors’, donde el autor bucea en la vida de Jim Morrison, es un biopic slow show marcado por la cadencia de un párpado que se rinde. El líder de le mítica banda se acercaba con tanta pachorra al perfil de border line que hasta que no vino Kevin Costner al rescate ese mismo ajetreado año a insuflar un poco de estrés, muchos pensaron lo peor.

Pero sigamos, que quedan páginas de historial. Tras la manía volcada en el histriónico entrenador de fútbol americano Al Pacino en 1999, el paciente experimenta una leve mejoría hasta 2003, en la que sugiere un síndrome de Estocolmo debido a su prolongada estancia cubana para rodar un documental con Fidel Castro, pandemia que más tarde afectaría al nacional Guillermo Toledo.

Pero obviando tendencias filopolíticas que no revisten mayor interés médico, vayamos, ahora sí, a Macedonia, siglo IV antes de Cristo. ‘Alejandro Magno’, aparte de no saber depilarse las cejas, llegaba a encapricharse sexualmente de su madre, quien, por mucho que estuviera interpretada por Angelina Jolie, no dejaba una madre y la suya una desviación edípica. La experiencia no fue positiva. Todos le dieron la espalda. 

Por ello, en un arranque de populismo, el paciente patriota se disfrazó de bombero para homenajear a los caídos del 11-S en ‘Worl Trade Center’ (2007). ¿El resultado? Depresión post trauma aunque leve mejoría taquillera y crítica, buena senda a seguir en pos de la recuperación definitiva. Gecko reloaded tiene el testigo y el público de Cannes, la palabra.

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Ver el artículo original publicado en El Mundo.

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