3 may. 2010

Zooey necesita subordinadas para comerte la moral

'All the real girls' (David Gordon Green, 2003)

David Gordon Green (director de la divertida aunque irregular 'Superfumados' y proyecto de Terrence Malick de la comedia romántica en sus inicios) se sacó de la chistera en 2003 una obra maestra de la alcantarillez relacional titulada 'All the real girls', germen inconfeso de '(500) días juntos', su referente desconocido, todo un milagro, más teniendo en cuenta que todos los pajilleros del país corrieron a bajarse la filmografía de Zooey una vez entonado su canto de cisne pop el pasado otoño. No obstante, no restaré méritos a Summer; la de Marc Webb me sigue pareciendo una película preciosa aún con la perspectiva que otorga el tiempo.

Pero volvamos a 'All the real girls' (SPOILER COMO UNA CASA QUE DURA TODO UN PÁRRAFO), en la que el protagonista, el peripatético Paul Schneider, un camaleón al que lo mismo le da hacer de tipo corriente y algo calzonazos que directamente de retrasado mental (Will Ferrell y él parecen primos hermanos), interpreta al galán pueblerino que enamora a Deschanel, todo un soplo de aire fresco (como cada vez, vez tras vez) en la región. Le compra algodón dulce, la lleva al cine del pueblo, la lleva al bar de carretera a tomar chucrut, la lleva a dar paseos descalzos por el parque, coño, si hasta la lleva a los columpios a ver si dándole impulso desde atrás le puede tocar el culo sin que se revuelva. Pero nada, el proyecto de Summer es casta, pura e impenetrable. (En la cinta en que compartía protagonismo con J.G.L. era bastante penetrada pero la idea es la misma: "Me tienes ahora, pero no me tendrás mañana"). Lo peor del percal es cuando la gachupina se emborracha un día, se deja bajar las bragas por el primer capitán de fútbol americano que se encuentra en un guateque y todos sus altos ideales de castidad se van a la mierda sin haber valido de nada. Para ese momento ha recibido tantas presiones por parte del santurrón de Paul que por mera so pibez decide darle la flor a otro sólo para demostrar que es suya.

Tráiler de 'All the real girls'.

Quiere al panoli, de eso no hay duda, sólo que no está enamorada de él. Y no es que la podamos acusar de calientabraguetas en ninguna de las dos ocasiones, sólo de no renunciar a lo que le apetece en ningún momento sin atender a los daños colaterales. Noel/Summer (Zooey) es lista  (ésa es la razón, entre otras, pero la principal, por la que enamora a Paul y a Joseph) y se da cuenta de todo. Ése es su pecado. Lo que cabe reprocharle, por lo que merece ser quemada en una hoguera en la plaza del pueblo es por ejercer su influjo irrenunciable sobre los tontos y los desheredados, que la buscan en un comienzo, pero poco, conscientes de sus nulas oportunidades de éxito y luego se ven cargados de autoestima sin atender a que el cortejo efectivo no ha sido más que una inyección de ego para ella y un salto con triple pirueta y sin red para ellos. Consecuentemente, se parten su cuello de gilipollas tras la caída.

Tráiler de 'Live free or die' (Gregg Kavet & Andy Robin, 2006)

Todo este preámbulo exorcizante para presentar 'Live free or die', un subproducto indie de nulos avales al margen de la nueva coincidencia en el cast de Schneider y Deschanel. Él hace de autista con flequillo romano y ella de hermana dominante. Ni una sola vez atisbamos el potencial perturbador y sexualmente dañino que atesora la actriz puesto que no tiene más que un papel de relleno seguro debido a amistad o a un favor. Ni siquiera está un poco chalada ni muestra síntomas de excentricidad. Zooey es un puto mueble.

Con vaqueros oscuros subidos hasta las tetas, muy al estilo que vende en su grupo musicovocal She and Him, pero sin decir ni una sola de las frases subordinadas que hacen que todos los adolescentes de este planeta, y de otros aledaños, hayan querido empeñar las joyas de la familia para presentarse en su apartamento del Soho (ni idea, pero le pega tener uno) y decirle: "Summer, lo que quieras. Úsame, quiéreme o mátame, pero lo que quieras, prenda". Es entonces cuando ella sonríe maliciosa y te deja pasar. Y los dos sabéis cómo acaba el asunto: Tú con una piedra atada al pie en lo alto de un puente y ella limándose las uñas y cantando 'Why do you let me stay here' con voz de gato.

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