5 feb 2007

Paris, je t´aime (Varios, 2006)


No soy amigo de las películas experimentales ni de las episódicas; ni de las sucesiones de cortos encorsetados bajo el pretexto de una temática común. Me hacen sospechar los encargos que se hacen a los directores consagrados para ser paseados por sesudos festivales y dar una imagen solidaria y "buenrollista" del gremio.

En general los resultados de tales experimentos acaban por ser un conglomerado irregular en el que caben por un lado la máxima de las inspiraciones y, por otro, la sensación de que algunos, generalmente los más reconocidos, han optado por quitarse el marrón de en medio de cualquier manera.

Pasa algo parecido con Paris, je t´aime, consigna bajo la cual veinte reputados directores de todas las nacionalidades posibles han sido homogeneizados bajo la idea de filmar un manifiesto con el que declarar su amor por la ciudad del amor. Paris, je t´aime puede parecer engañosa para el espectador desprejuiciado que se acerca a una sala comercial y se encuentra con que en su bonito y artístico cartel concurren estrellas del relumbrón de Natalie Portman, Nick Nolte o Juliette Binoche. La decepción se desprenderá del hecho de que en rara ocasión se dan cita en la misma historia más de dos actores de talla, porque, como tónica general, se respeta lo de una celebridad por corto, con la excepción del que dirige Gerard Depardieu, en el que acudimos a un otoñal duelo interpretativo entre Ben Gazzara y Gena Rowlands aderezado por el cameo del orondo francés.

De este modo, mexicanos (Alfonso Cuarón), franceses (Olivier Assayas), sudafricanos (Oliver Schmitz), kenyatas (Gurinder Chadha), yankees (Joel & Ethan Coen, Alexander Payne), brasileños (Walter Salles) y hasta la española Isabel Coixet tienen cabida en este mejunje agradable y vistoso que se desenvuelve en un registro bajo, sin altisonancias, y que siempre opta por el intimismo a excepción del segmento vampírico firmado por el autor de Cube (Enzo Natali), en el que encontramos concesiones a los efectos especiales. Todo lo contrario de Wes Craven (Pesadilla en Elm Street), habitual del género de terror, que se muestra sobrio y cómico en el tramo que dirige.

Inevitablemente hay caídas de ritmo, propuestas aburridas y, en los peores casos, directamente prescindibles, pero existen algunas destacables dosis de buen cine encapsulado. Serán fáciles de identificar mis sugerencias para el lector, puesto que cada microhistoria cuenta con título y nombre del director en su primer fotograma. No pierdan de vista Place des Fêtes, del sudafricano Oliver Schmitz, que narra una muerte dulce y romántica; Faubourg Saint-Denis, historia de amor entre la joven Natalie Portman y su novio ciego narrada a toda velocidad por el alemán Tom Tykwer; y otra más de amor, esta vez de manos de Gurinder Chadha (Quiero ser como Beckham): Quais de Seine.

Como habrán podido comprobar, el amor romántico está muy presente, enmarcado indefectiblemente en el espacio incomparable de la capital gala, que metafóricamente contagia a todos con un influjo feromónico y apasionado.

No hay malas intenciones en Paris, je t´aime, acaso un exceso de almíbar y una búsqueda del éxito fácil tanto crítico como comercial. Aún así, el resultado no es excesivamente universal y lo tendrá difícil para encontrar su público fuera de los circuitos de versión original. No obstante, en una de esas tardes de domingo frías y húmedas, no viene mal observar cómo, para variar, la gente se enamora y se quiere, aunque sea en una pantalla de cine.

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