17 abr. 2009

Mi vida es una ruina (B. Goldmann & M. Wallack, 2007)


Peligroso el mensaje que se extrae de esta comedia treintañera: los kilos de más te hacen peor persona. No sólo menos atractivo, también más aburrido y pusilánime. Desde la hiperactividad del excesivo Bill (Aaron Eckhart), vemos a un paria con sueños de algodón de azúcar al que su mujer de perfectas medidas le engaña con el primer galán engominado que se encuentra. El rechazo le sirve de catarsis y comienza a cambiar de vida... desde la cáscara.

La historia, dirigida a cuatro manos por Goldmann y Wallack —ambos vírgenes en la materia, la segunda también guionista— da de sí lo que sus atractivos y solventes protagonistas. El desarrollo 'déjàvuitico' sólo arroja como sorpresas la inclusión de un par de niños en el reparto que no son motor real de nada y una Jessica Alba injustamente promocionada como coprotagonista. Su presencia sólo se entiende como la de un florero altamente cualificado que se disuelve al final del metraje.

Por lo demás, cabe destacar una lanza en pos de la normalización del colectivo homosexual y la transformación física del rubio protagonista, que sufre una metamorfosis de alrededor de 20 kilos para un papel por el que nadie le recordará. Eso sí que es ser profesional.

Valoración: 5/10

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1 comentario:

Laura Ibáñez dijo...

La verdad es que no sé como este actor puede hacer cosas tan buenas como Gracias por fumar y luego hacer otras pelis tan penosas