18 sept 2009

Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)


Quentin Tarantino ha anticipado que puede que ésta sea su obra maestra, pero lo dice porque siempre quieres más al hijo más reciente. Si echamos la vista atrás, directores variopintos defendieron a ultranza la promoción de lanzamiento de películas de las que luego se avergonzarían furiosamente. No digo que el chico más malo de Hollywood no pueda estar orgulloso de su primera incursión bélica, pero desde luego que 'Malditos bastardos' no es la cinta que figurará en el primer párrafo de su (esperamos, lejana) necrológica.

Para empezar porque es la primera vez que al rey de los ritmos pausados se le rompe el cántaro de tanto ir a la fuente. Nunca hasta ahora nos había importado demasiado que el de Tennessee se tomara su tiempo para explicar lo que es una Royal con queso, para descifrar la trama de 'Like a Virgin' o para argumentar por qué Superman es el mejor superhéroe de todos; pero quizá es que Travolta, Michael Madsen o David Carradine están más acostumbrados a cargar con la reposada cadencia de una nube de humo que el reparto multicultural que en esta ocasión ha congregado para dar color a su presente carnicería descafeinada.

Se prometían más vísceras que nunca, que los alemanes pondrían el grito en el cielo, que le caerían palos por sobrado... pero lo cierto es que nada de eso. El resultado de tanta rumorología es una comedia coral rayana en el surrealismo y basada de modo fundamental en tres personajes tremendamente carismáticos (los interpretados por Christoph Waltz, Eli Roth y Brad Pitt, por ese orden). El punto flaco, al contrario que en el resto de su filmografía, parte de la construcción de los roles femeninos, que, sin llegar a estar mal definidos, no destilan la fuerza necesaria como para que los planos en los que se erigen maestras de ceremonias no colinden con el tedio. Querríamos haber visto a Uma también aquí.

No salimos decepcionados de 'Malditos bastardos', pues, a pesar de sus vistosos fallos, es una de las apuestas cinematográficas de más entidad estrenadas en este año. Un armatoste que transpira celuloide duradero (y a su modo, clásico) como sólo hemos percibido últimamente con 'Enemigos públicos'. No se me ocurre una crítica negativa en términos absolutos, lo que ocurre es que es importante denunciar que algunos de los momentos más memorables de la filmografía de Q. alternan con otros de los más obtusos o flácidos.

Valoración: 8/10

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