11 sept. 2010

El largo paso de corto al largo


Rodar un largometraje es un proceso que dura varias semanas y su elaboración implica a tantos individuos que es muy difícil que pase desapercibido. No ocurre lo mismo con los cortos, que, por su carácter amateur en ocasiones, proliferan como hongos después de la lluvia. La multiplicación de las redes sociales y el abaratamiento de los equipos digitales ha contribuido a que el panorama se democratice y a que la cantera crezca exponencialmente. Pero no es fácil llegar a la cumbre: la sala comercial.

Montserrat Jurado, periodista profesora del Centro de Enseñanza Superior de Estudios Ciudad de la Luz (Alicante), con tesis doctoral centrada en los festivales de cine españoles, defiende la labor social de tales eventos como plataforma de lanzamiento para nuevos realizadores. En dicho ambiente, explica, "los talentos incipientes son capaces de relacionarse con sus colegas mostrando sus cortometrajes, la mejor de las cartas de presentación de cara a las productoras de cine".

'Flat Love', recién elegido mejor corto en el New York City International Film Festival

Es lo que pretende, por ejemplo el inminente Festival de Cine de San Sebastián (17-25 de septiembre), que, dentro de su sección paralela Kimuak, congregará a nueve directores vascos con sus respectivas piezas el próximo día 18.

Por encima de todos los cineastas que se darán cita en Donosti sobresale Borja Cobeaga (autor de 'Pagafantas' y de 'No controles'), revelado con el corto nominado al Óscar 'Éramos pocos' y de vuelta sus orígenes con la pieza que presentará en Kimuak, 'Un novio de mierda’.

Tal y como explicó a ELMUNDO.ES, volver al corto no es ningún demérito sino un campo abierto al relax: "Cuando empiezas a rodar cortos, emulas lo que sería el rodaje de un largo, con un equipo de lo más numeroso y profesional posible, pero, como para preocuparme por problemas de calendario, presupuesto y demás ya tango los largos, ahora procuro hacer cortos lo más caseros posible que nada tienen que ver con los de antes. Y me gusta que así sea".

Cobeaga defiende, como la profesora Jurado, el brearse en el corto como útil campo de pruebas, ya que "ayuda en temas coma la escritura de guión (para los directores-guionistas) y también a la hora de poner en imágenes una idea".


Lo de las condiciones inmundas a la hora de rodar a un corto casi parece una leyenda urbana, puesto que gran parte de los entrevistados por este diario disiente al respecto. Mientras Daniel Sánchez Arévalo defiende que "se ruedan más largos en condiciones inmundas que cortos" y que su experiencia en el mundo del cine en miniatura "siempre ha sido desahogada", Nacho Vigalondo (nominado al Oscar por el corto '7:35 de la mañana') se erige en su némesis chistosa para explicar que "en realidad los rodajes de los cortos son tan indignos como los de los largos".

Acerca del mismo particular, Bárbara Santa Cruz, actriz protagonista de 'Un novio de mierda', cuenta como anécdota: "El mejor catering del que jamás disfruté fue el que cocinó la madre de un cortometrajista con el que trabajé hace tiempo".

Buena o mala pitanza, lo cierto es que si hay algo que no dan los cortos es dinero. O, al menos, mucho dinero. En palabras de Santa Cruz "los cortos no dan para vivir y hay que aprender que hay vida detrás de ellos. Se hacen sin un clavo y por ello, en ocasiones, para pagar el alquiler, hay que tirar de otras labores más alimenticias como la publicidad o trabajos como 'clown' [payaso] o similares".


Pese a todo, estar en la primera división del corto, si bien ayuda, no es garantía de nada. Lo saben dos de los más condecorados miembros de la camada cortometrajista reciente: Ione Hernández y Ciro Altabás, campeona y subcampeón respectivamente de la disciplina en el FIB 2009. Sus piezas 'El palacio de la luna' y 'Manual práctico del amigo imaginario', aplaudidas en múltiples plazas, no les han dado aún el impulso para poder mudarse al formato de larga duración.

Nada extraño. Jurado explica que "si echamos un vistazo a la historia de los cortometrajes españoles, nos encontramos a grandes figuras del ámbito que en su día lograron acumular diversos premios y que luego no se pasaron al largo o que simplemente desaparecieron, bien para dedicarse a televisión o publicidad, bien para conseguir dinero de una manera más regular y fiable". El estatus, pues, es casi lotería.

De cualquier modo, pese a los muchos inconvenientes, el cortometraje tiene un encanto especial que resiste a cualquier canto de sirena de las grandes ligas. Leticia Dolera, actriz de largo currículum y autora de las piezas 'Lo siento, te quiero' y 'A o B' reivindica el cortometraje como campo abierto para que mane la creatividad "por no ser esclavo de los resultados en taquilla o de los grandes presupuestos".

Es una idea con la que se muestra totalmente de acuerdo Eduardo Chapero Jackson, reverenciado por piezas de culto como 'Contracuerpo' o 'Alumbramiento' que prepara su salto al largo en diciembre a manos de 'Verbo'. En su opinión, "temas como la estructura o la distribución, que pueden constreñir la visión del autor del largo son casi inexistentes en el corto". Y, al contrario que para la gestación de un largo, donde "puede llevar varios años escribir, dirigir, producir, montar y distribuir, el corto resulta más inmediato, íntimo, orgánico y variable. Da una satisfacción especial".


Cierto que todos los entrevistados gozan de un relativo (o gran) prestigio, pero la proliferación de la red 2.0 donde casi cualquiera puede filmar lo que se le venga en gana sin contar apenas con guión y tirando apenas de un móvil bien dotado (en youtube, por ejemplo, en la mayoría de ocasiones prima el ingenio antes que el genio), no se muestran temerosos del panorama abierto.

Cobeaga lo ve incluso positivo: "La situación que vivimos sobre todo calla las voces de los quejicas, de aquellos que no hacen cortos ni escriben guiones porque prefieren estar sentados lamentándose de que las subvenciones se las siempre a los mismos, de que todo funciona por amiguismo y demás excusas para no menear el culo". "El talento es el mismo de siempre, pero el tendrá más herramientas para encontrar a su público, que es el que tiene la responsabilidad de no perderse en el ruido", matiza Vigalondo.

Así pues, el consumidor, como siempre, tiene la última palabra. Es el responsable, muchas veces, con su aplauso o mueca, con el boca-oreja, de que lleguen los unos y se pierdan los demás. Aunque el corto todavía tiene por delante otra tarea: reclamar su sitio.

Hace menos de un año, actores, directores y demás profesionales del cine se reunían en Madrid al grito de "el corto existe". Se podría tomar ejemplo de Pixar, que acompaña el pase de sus películas un corto animado. Y meter de esa forma cortos que acompañen la proyección de películas, como ya ocurre con los tráilers de próximos estrenos. Una práctica que, de momento, se da en escasas salas.

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Lee el artículo original en El Mundo.

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